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lunes, 4 de febrero de 2013

LOS MICROTIMOS

Siempre es mejor estafar a muchos clientes una cantidad pequeña que robarle a uno de ellos un importe elevado.

A menudo, el coste del papeleo y las molestias asociadas a la reclamación son más caros y extenuantes que el importe estafado, y por tanto muchos clientes se disgustan, con suerte cambian de proveedor (aunque a veces ni eso) y se olvidan.

Esto lo conocen muy bien las compañías de telefonía móvil. 

Recuerdo que hace años contraté los servicios de una de ellas (que ya no existe). Un buen día, cansado de sus deficiencias llamé para dar de baja todos los servicios. Debía ser el mes de abril. En enero del año siguiente (8 meses después) recibí un cargo de 1 euro en mi cuenta. Llamé para avisar del error y me dijeron que todo era correcto. Resulta que no me habían dado de baja de un servicio complementario (identificación de llamada, ...), que era gratuito, y que había quedado durmiente todos esos meses. Pero en enero decidieron que a partir de entonces costaría un euro al mes, así que lo reactivaron. Y me cargaron un euro.

Me amenazaron con que si no lo pagaba me incluirían en una lista de morosos y a partir de entonces la gente me escupiría por la calle, los perros me morderían, los niños huirían de mí y Lucifer se apoderaría de mi alma. Y que valorase si por un simple euro me quería arriesgar a las nefastas consecuencias de entrar en esa lista negra. También me informaron del procedimiento de reclamación, que entre llamadas, buro faxes, fotocopias e impresiones, obviamente valía bastante más que el dichoso euro. Así que, como ellos ya sabían, pagué el euro y me resigné a archivar el caso en el expediente del olvido. Pero reflexioné sobre el tema. Imaginemos todos los clientes (actuales y antiguos) que tiene una compañía de telefonía. Y sumamos un euro (en el supuesto que se dieran cuenta el primer mes) para cada uno de ellos. Centenares de miles de euros en beneficios. Una mina de oro!!. Y lo saben.

Si una empresa te intenta robar un importe elevado luchas hasta la muerte para recuperarlo. Pero no te desgastas por un simple euro. Y ellos a forrarse.

Pero hoy las cosas han cambiado. Hoy reclamo aunque pierda dinero. Ya no es un criterio económico o de eficiencia. Me lo planteo como un deporte. Como un juego. Como una diversión. Y a la vez es obra social. Un grano de arena para conseguir un mundo mejor. Que no se acostumbren a que la gente pasa. Que no se acostumbren a la impunidad. Cada comisión bancaria injusta, cada error en la factura del teléfono, cada impuesto mal cobrado (en ese caso fue bastante más de un euro...), cada fraude corporativo contra el consumidor, se convierte en un nuevo pasatiempos. Un Sudoku burocrático-administrativo que afronto con ilusión como un reto personal para mi divertimento y para hacer de este mundo un lugar mejor donde vivir.

martes, 25 de septiembre de 2012

NH90 - EL DESPILFARRO SILENCIOSO

Leo con estupor que el Ministerio de Defensa ha comprado 38 helicópteros NH90. http://www.elmundo.es/elmundo/2012/09/17/espana/1347870494.html. 

Cada juguete vale 22,5 millones de euros. Una sencilla multiplicación nos lleva a calcular que se han tirado a la basura 855 millones de euros de impuestos del contribuyente.

No es nuevo que se despilfarre el dinero público, ya publiqué un artículo llamado Recortes donde mostraba multitud de ejemplos. 

También nos estamos acostumbrando a que nuestros políticos simultaneen la malversación con recortes y subida de impuestos.

Pero este caso creo que merece un artículo propio, porque tiene algunos puntos por lo menos curiosos.

Lo que más me sorprende es que ha pasado totalmente desapercibido. Nadie se ha quejado. Nadie lo ha discutido. Prácticamente no se ha nombrado en los medios de comunicación. Cantidades mucho menores han generado mucha más atención por parte de la prensa y mucha más indignación de los ciudadanos. Pero esto ha pasado impune. Suben el IVA, recortan sanidad y educación, pero hay dinero para comprar máquinas de guerra.

La utilidad de estos helicópteros puede ser diversa:

a) Que no sirvan absolutamente para nada. En el mejor de los casos. Lo que todos deseamos.

b) Que sirvan para matar personas. En cuyo caso podemos dividirlo en varios grupos:

b.1) Matar soldados de una potencia enemiga que nos invada (cosa improbable, hoy los países se compran, ya no se invaden militarmente)
b.2) Matar ciudadanos de regiones secesionistas que pretendan romper la sagrada unidad del territorio nacional.
b.3) Matar contribuyentes asqueados que se subleven contra un sistema que les exprime... y que han pagado esas máquinas con el sudor de sus axilas.

... y supongo que la lista podría ser interminable...

Me pregunto, con ese dinero, cuantos helicópteros para apagar incendios forestales se podrían haber comprado. Si hay un sector improductivo y recortable en el mundo es la industria militar.

Mientras se tire un solo céntimo de los impuestos a la basura el gobierno no tendrá ninguna credibilidad en sus recortes y políticas de austeridad. No digamos si se tiran de golpe 855 millones de euros.

jueves, 6 de septiembre de 2012

OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

Hace 20 años, con los puntos de la libreta de una entidad bancaria que ya no existe, me regalaron una máquina para cortar cabello. Solac Ideal Beauty Collection, Modelo 245. Sencilla pero eficaz. Durante todos esos años le di un uso muy frecuente y nunca falló. Hace poco las cuchillas empezaron a perder filo y ya tiraba un poco de los pelos así que me decidí a comprar otra.

Por supuesto busqué el mismo modelo y marca, pero ya no lo fabricaban. Al final pensé "sólo es una máquina para cortar el pelo, cualquiera me sirve, pero la compraré un poco buena porque quiero que me dure".

En un mal día me decidí por una Remington Cortapelo Maverich HC5750. Un error. Puedes usarla sin cable, que siempre molesta, pero tiene menor potencia por lo que acabas enchufándola como todas. Ah y lo más importante, ¡¡¡se puede recargar mediante puerto USB!!!! ¡¡¡Siempre quise una máquina cortapelos enchufable a un USB!!!. ¡¡¡Qué prestación más inútil!!!. ¿Para qué la voy a enchufar a un USB habiendo enchufes? Y si no hay enchufes me espero unos días a cortarme el pelo, hasta que encuentre uno.

Por supuesto el corte es mucho menos limpio que en mi vieja Solac y tengo que dar varias pasadas donde antes sólo daba una.

Pero volvamos a la Obsolescencia Programada: esta máquina tiene unos peines de plástico blando diseñados para romperse.

Al principio los cubre la garantía, aunque siempre es una molestia tener que desplazarse al servicio técnico a pedir el recambio. Son muy delgadas y es fácil que se rompan. El problema es que a veces se rompen solas, guardadas en el estuche, en algunos peines que por su tamaño nunca he usado. Por tanto no se rompen por el uso (o mal uso). Se rompen porque están diseñadas para ser frágiles. Para no durar, para que te tengas que comprar recambios o mejor, una máquina nueva.

Es lo que se conoce como Obsolescencia Programada. Diseñar un producto para que se estropee y así obligar al consumidor a gastar más. Ello no sólo es perjudicial para su bolsillo, sino también para el Medio Ambiente que habita porque la máquina vieja son más residuos. Pero da igual. Lo importante es vender, y si los productos duran se venden menos así que es más rentable diseñarlos para que se rompan.

El tema del software y hardware informático funciona igual, aunque aquí es más rápido hacer que queden obsoletos y sean incompatibles a que se estropeen físicamente. Distinta táctica para un mismo objetivo.

Hay un montón de información y reportajes sobre este tema en Internet, no me extenderé.

Simplemente decir que las empresas no fabricarían productos con Obsolescencia Programada sin la permisividad y el consentimiento del Estado. Hoy en día, afortunadamente, ya existe un periodo legalmente obligatorio de garantía. Si éste periodo se ampliara a 10 o 15 años para todos los productos, a las empresas ya no les resultaría tan rentable fabricarlos para que se rompan, se esmerarían más en la calidad y se acabaría de una vez por todas con la Obsolescencia Programada.

lunes, 11 de junio de 2012

LA BANCA ÉTICA

Hace unos meses decidí hacerme cliente de Triodos Bank, el principal representante de la llamada Banca Ética en España. Como consumidores tenemos un poder enorme a la hora de elegir en qué gastamos o dónde invertimos nuestro dinero y subestimamos el efecto de nuestras decisiones. Cada granito de arena importa, y yo me sentía un poco contradictorio predicando unos valores y ayudando con mis ahorros a financiar actividades y conductas que les eran contradictorios.

La Banca Ética publica con total transparencia sus actividades y sus inversiones en la página Web. Me parece necesario por su parte, pero yo no me lo he leído ni lo pienso hacer. Si dicen la verdad cuando afirman que son honestos su palabra me vale. Me los creo. Si mienten yo tampoco tengo herramientas para comprobarlo. No tengo capacidad para hacerles una auditoría, para confirmar que sea cierto lo que publican en la Web y lo que predican en su discurso. He visto un montón de vídeos en You Tube y he asistido a algunas conferencias, pero no tengo forma de verificar que no me estén engañando. Así que he decidido creérmelos.

Y he decidido creérmelos por dos motivos. El primero es porque es más hermoso pensar que todavía existe gente honrada y bancos limpios que no hacerlo. Quiero creer que todavía hay personas que luchan para construir un mundo mejor, i no es incompatible que estas personas trabajen en banca, finanzas o incluso política. Siempre he dicho que en estos sectores es mejor infiltrar a personas honradas que lo transformen desde dentro que demonizar sin excepción a todos sus representantes. Así que decido creerme que esta gente ya ha empezado a trabajar en cambiar el mundo. Pero existe un segundo motivo que es más "científico".

A nivel práctico, la Banca Ética funciona exactamente igual que cualquier otro banco. Si tienes dinero lo ingresas y te lo remuneran a un tipo de interés. Si te falta pides un préstamo y lo pagas a un interés más alto. Y por el resto tienes la operativa básica de todos, domiciliaciones, nóminas, recibos, transferencias, etc... (exceptuando movimientos de efectivo). Igual que todos. Pero una cosa me llamó la atención.

Cuando fui a abrir un depósito lo remuneraban a un tipo de interés que era menos de la mitad de lo que paga la competencia. Es el precio de invertir en un banco ético. Te pagan menos intereses pero a cambio te garantizan que harán un buen uso de tu dinero y que tendrán una gestión interna honrada. Es como cuando decides comprar productos españoles en vez de chinos, aunque te cuesten más caros, porque tu criterio de decisión no se basa exclusivamente en el precio. El sistema se basa en que te fíes de su honestidad, y que renuncies a ese dinero a cambio de su palabra. Y eso me llevó a dos conclusiones.

a) Un banco que remunera los depósitos a interés bajo es más solvente que uno que lo hace a tipos altos. Y yo quiero un banco solvente, además de ético, para meter mis ahorros. Son criterios de gestión conservadores, que se salen de la clásica guerra de depósitos que comprometen la estabilidad de la entidad. Por un lado no necesitan prestar tan caro y mejoran su ratio de morosidad y su nivel de usura. Por otro demuestran un criterio menos especulativo sin interés por ganancias rápidas, exposición inmobiliaria u otros pelotazos similares que tanto daño han hecho al sector.

b) Sus tipos bajos son garantía de su honradez. Si algún día se descubre un escándalo de corrupción en estos bancos se hunden por completo. Su competitividad se basa en ello y los clientes no tendrán ninguna tolerancia a la falta de ética. No se lo pueden permitir. Para trabajar con un banco usurero, rastrero, corrupto y mentiroso me quedo con el que me dé más intereses. Por tanto cuidarán mucho su reputación porque su supervivencia depende de ello. Y eso me da garantías para confiar. Si además de éticos fueran excesivamente generosos sospecharía de ellos. (Como sospeché de Ruiz Mateos cuando ofrecía pagarés al 8% a años luz de lo que daba el mercado).

Quede claro que nadie me paga para hacer propaganda de nada. Sólo opino que tenemos más poder del que nos pensamos en nuestras elecciones de consumo. Muchísimo poder. Sólo necesitamos creérnoslo.

lunes, 4 de junio de 2012

PARTICIPACIONES PREFERENTES

Hace unos días vi un reportaje sobre los afectados por las Participaciones Preferentes. Alegan que el banco no les informó adecuadamente de las características y los riesgos del producto. Poco a poco fui recordando que ese nombre me resultaba algo familiar.

Era el año 2010. Yo tengo unos ahorrillos que voy invirtiendo. Tengo unas normas básicas:

a) No inviertas en algo complejo. Solamente productos simples y fáciles de entender.

b) Nunca pongas en juego el capital. Que como mínimo siempre recupere lo que invertí.

c) El objetivo no es obtener alta rentabilidad, es no perder nunca lo que puse.

Ello implica que siempre invierto en depósitos a plazo fijo, por poco que den. Si alguna vez me he apartado de esta norma me he pillado los dedos. Por tanto mi perfil es ultra conservador.

Pero regresemos al año 2010. Tenía unos ahorros en el BBVA que quería reinvertir. Transcribo la conversación con la asesora comercial tal como fue:

- Buenos días, ¿a qué tipo remuneráis los depósitos a plazo fijo?
- Pues ahora los tenemos al 6% (no recuerdo el tipo exacto pero era muy alto comparado con el mercado)
- ¿A qué plazo?
- A un año (creo recordar)
- Me interesa, lo quiero contratar.
- Bien, el 50% de la inversión es un depósito a un año al 6%. El otro 50% son Participaciones Preferentes del BBVA también al 6%.
- No, no, yo solamente invierto en depósitos a plazo fijo.
- Pero es incluso mejor. Sacas el 6% de rendimiento y cuando lo necesites lo retiras íntegramente.
- Pero ¿a qué plazo son las Participaciones Preferentes?
- No tienen vencimiento, lo sacas cuando quieras.
- Entonces ¿son como acciones? ¿cotizan en un mercado?
- No, no, las acciones pueden bajar de precio, las Participaciones Preferentes siempre valen igual. Siempre recuperas íntegramente el capital que has invertido, y mientras tanto cobras el 6% de interés.
- Pero no lo entiendo... quien me devuelve el dinero, ¿el banco?
- No, otra persona que quiera comprarlas.
- ¿Y si nadie quiere?
- Siempre hay alguien que quiere. Es un producto excelente. El mejor producto que se comercializa actualmente en el banco. Garantía BBVA, intereses elevados, liquidez asegurada, solvencia contrastada. Yo misma he comprado un montón, y toda mi familia lo ha hecho. Mis padres...
- No lo tengo claro, ¿y si en un futuro nadie las quiere comprar?.
- Tranquilo, entonces el banco te las comprará.
- ¿El banco?
- Sí, si no encontramos contrapartida nosotros te las compraremos a ese precio y tú nunca perderás el capital invertido.
- Bueno, así la cosa cambia, ¿dónde hay que firmar?

Me fui hacia casa con la sensación en el estómago de que algo no iba bien. Supongo que había roto las reglas básicas y eso me hacía estar intranquilo. Así que al llegar a casa me revisé detenidamente la abundante documentación, de letra microscópica, que había firmado. Al día siguiente llamé desesperado a la oficina del banco.

- Buenos días, ayer leí la documentación del producto que contraté y en ningún lugar pone por escrito que el banco se compromete a comprarme las Participaciones Preferentes si no encuentra contrapartida.
- Bueno, pero es la práctica habitual, además ello no ocurre porque es un producto muy bueno, con mucha demanda y siempre hay alguien dispuesto a comprarlas.
- Ya, pero usted me ha dicho de palabra una característica del producto que no está reflejada documentalmente y por tanto dentro de un tiempo, si usted no trabaja aquí, nadie se acordará de lo que no está escrito.
- Pero no se preocupe, es el mejor producto del banco,...
- No lo quiero. Yo no quiero contratar algo que no acabo de entender. No me gustan las inversiones en sistemas piramidales que necesitas que alguien entre para poder salir (lo de Madoff estaba reciente). Yo quiero depósitos y esto no es un depósito. Así que retrocédalo.
- Bueno, el 50% de la inversión en el depósito se lo retrocedo ahora mismo, pero lo de las Participaciones Preferentes ya es demasiado tarde. Ya están compradas.
- Pues véndalas.
- Bueno buscaremos alguien que las quiera comprar, pero tal vez tarde unos días...
- Esperaré y sino que me las compre el banco como usted me dijo.
- No, no hará falta, esto se vende como churros, es un producto muy bueno...
- Puedo esperar unos días pero no quiero este producto.
- Pero es una pena... porque solamente las tendrá un día, no le darán ningún tipo de interés, y sin embargo la compra-venta tiene una comisión. Usted pagará la comisión y no cobrará nada. Perderá dinero. Si se espera, cuando cobre los intereses compensará esta comisión de la compra-venta...
- No me fío del producto ni de ustedes. Quiero recuperar el dinero.
- De acuerdo las ponemos a la venta.

Estuve una semana revisando cada día las cuentas por Internet y llamando para ver si ya estaba vendido. Una semana sufriendo. Al final recuperé todo el dinero menos la comisión. Esa comisión fue la lección perfecta para no volver a romper nunca más las reglas de inversión y para no volver a confiar nunca más en el BBVA (ni en los consejos de un asesor comercial de un banco).

Obviamente me llevé los ahorros a otra entidad y cancelé todas las cuentas. Nunca he vuelto a trabajar con ellos.

Y me olvidé del tema... hasta que vi el reportaje.

Yo tengo una licenciatura en Ciencias Actuariales y Financieras y un master en Inversiones Financieras. Trabajé en el sector una temporada de mi vida. Y AUN ASÍ ME ENGAÑARON. (Me soplaron una comisión con mentiras). ¿Cómo no van a engañar a las abuelas que salían en el documental que no tienen ni idea de ingeniería financiera? Que confían en lo que les dice el comercial de la oficina. Que no se leen las montañas de papel que les entregan. Que todavía creen en la honestidad de las personas y las entidades a los que les confían sus ahorros.

Yo me salvé por los pelos. Pero cuando veo a toda esa gente luchando para recuperar su dinero, y los argumentos de defensa de los bancos, me indigno. Basándome en mi experiencia, me indigno.

lunes, 28 de mayo de 2012

LA VERDADERA CRISIS

Todo el mundo habla de la Crisis Económica. Les preocupa el desempleo, la devaluación de la vivienda, la caída de la bolsa, la corrupción política, la deuda, la prima de riesgo, la avaricia, la pobreza, la desaparición o salida del Euro, la quiebra de las empresas, el rescate de bancos, los recortes, los impuestos...

Sin embargo todo lo anterior es solamente dinero. Y nada más que dinero. Existen problemas mucho peores que la crisis económica que pueden ser mucho más catastróficos.

a) La crisis Medioambiental. Las crisis económicas son cíclicas. Hemos tenido varias en el pasado y siempre las hemos superado. Hay un bache, un reajuste de los excesos, algunos lo pasan mal un tiempo, y poco a poco todo se arregla hasta que la gente se olvida y vuelve a cometer los mismos errores. Pero la crisis Medioambiental no es cíclica. Nunca hemos tenido un planeta tan contaminado ni desforestado como ahora. Nunca hemos agotado los combustibles fósiles o el agua potable. Ni hemos aniquilado la pesca. Tampoco hemos sufrido un cambio climático. Y por tanto no tenemos experiencia en recuperarnos de este tipo de situaciones.

b) Guerras. La paz es un privilegio que a menudo olvidamos. Existen actualmente países en guerra. Nosotros mismos tuvimos una no hace tanto. Eso sí que es pasarlo mal. La gente pierde el empleo pero está lejos de pasar el hambre y la miseria de una guerra. Ojalá las guerras no se olviden para que nunca se vuelvan a repetir.

c) El apocalipsis Zombie. La gente lo subestima por improbable, pero ¿estamos preparados para un holocausto Zombie? Nuestras infraestructuras son totalmente dependientes de la electricidad, de Internet, de la tecnología. Nada funciona cuando se va la luz. Nos hemos especializado tanto en trabajos burocráticos y administrativos que no sabemos sobrevivir. ¿De qué me servirá saber hacer la Declaración de la Renta en un escenario post-apocalíptico Zombie si no sé conseguir comida, refugio o agua potable? Qué fácil es perder de vista las prioridades esenciales de la vida... Y lo más importante ¿por qué los Zombies más terribles tienen que ser payasos? Se supone que los payasos hacen gracia, que divierten a la gente, a los niños. ¿Qué trauma infantil nos une a todos para que en el fondo les tengamos tanto miedo? ¿Por qué ni Freud se atrevió a hablar de ello? ¿Por qué los medios de comunicación lo mantienen en silencio? Yo creo que la crisis se ha inventado para enmascarar la verdadera raíz del mal. Un inminente apocalipsis Zombie liderado por payasos asesinos. Recomiendo visionar la película Zombieland, y aplicar, ya desde ahora, la regla 32- Disfruta de las pequeñas cosas.

miércoles, 23 de mayo de 2012

RESCATES BANCARIOS

Desde la crisis de Bankia se ha cuestionado ampliamente si los bancos deben ser rescatados con dinero público.

Es obvio que cualquier empresario o emprendedor desearía que si su empresa va mal (porqué él ha sido un incompetente en la gestión del negocio), viniera Papá Estado y le inyectara una buena dosis de dinero público para reflotarlo. También lo agradecerían los clientes, proveedores, empleados y accionistas. Pero normalmente ello no ocurre (y si es una PYME menos), por lo que las empresas quiebran, los empresarios y los accionistas "se arruinan", los proveedores no cobran y los empleados son despedidos.

Sin embargo los Bancos e instituciones financieras gozan del privilegio de tener como rehén los ahorros de los ciudadanos. Y eso les da un blindaje que ya desearían el resto de empresas privadas. Y unas ventajas que van más allá de lo que sospechamos:

Yo trabajé en una compañía de seguros. Las instrucciones eran sencillas. El banco se forra cobrando comisiones por sus servicios. Cobremos nosotros también comisión por los servicios que damos. El fracaso fue total. La gente está acostumbrada a pagar comisiones a los bancos y ni se plantean para qué, pero no quieren pagar a otras empresas. Porque el banco ya tiene tus ahorros. No necesitan pedirte el dinero, la autorización o perseguirte para que pagues, te lo descuentan directamente sin avisar, cuando quieran. Ya lo tienen.

Además el Estado nos "obliga" a tener el dinero en el banco (ver el artículo publicado como Dinero Negro en enero 2012).

Pero la principal ventaja es que con el ahorro de los ciudadanos en su poder, su quiebra va mucho más allá de un empresario de tantos que se "arruina". Afecta a todos. ¿Cómo le vas a decir a un pensionista, a un trabajador, a un ciudadano, que el dinero que ahorró toda su vida, con el sudor de su frente, ha desaparecido? Que el banco ha quebrado y que ese dinero ya no existe. Que se volatilizó. Que debería haberlo guardado en casa, en un calcetín o debajo del colchón. Que con sus impuestos ha pagado una institución pública, el Banco de España, que ha fracasado en su misión de supervisar la solvencia de las Entidades Financieras, pero que se siente...

El Estado tiene el deber de proteger al ciudadano de los excesos de la banca, a través del Banco de España, y es responsable si no lo hace. Más allá del Fondo de Garantía de Depósitos. Por tanto debe rescatar a los bancos con dinero público. No es tolerable que un ciudadano pierda sus ahorros por culpa de un banco que el Estado le obliga a usar pero que se desentiende cuando quiebra.

Hacienda somos todos y su dinero es nuestro dinero. Son nuestros impuestos. Por ello tiene la obligación de depurar responsabilidades, de castigar a los culpables, y de salvar nuestros ahorros aunque sea a costa de cargarse los despilfarros mencionados en el artículo (Recortes) que he escrito hace un rato.

RECORTES

Una Administración Pública (igual que cualquier persona o familia) que gasta más de lo que ingresa, está condenada a la ruina. Por eso cuando escucho las palabras Déficit Público al lado de una cifra distinta de 0% pienso que alguien no está haciendo bien su trabajo.

Solamente hay cuatro opciones para acabar con el Déficit Público:

a) Lucha contra el fraude, la corrupción, la malversación, el cohecho (soborno de funcionarios) y otras actividades delictivas. La clave no es tanto luchar contra el fraude (que ya se hace), sino convertir en delito actividades actualmente legales pero de moralidad cuestionable. (Sueldos obscenos de alcaldes asignados a ellos mismos, viajes privados del presidente del Supremo con fondos públicos que no necesita justificar, inmunidades diplomáticas o parlamentarias y un tristemente largo etcétera...)

b) Endeudarse indefinidamente. Claramente la peor opción. En primer lugar porque con una deuda elevada acabas dedicando una parte cada vez mayor de tus ingresos a pagar los intereses en vez de destinarlos a algo útil. En segundo lugar porque dependes del que te presta y acabas sometido a su voluntad política. Y en tercer lugar porque si un día deja de confiar en tu capacidad para devolver la deuda y te corta el grifo todo el sistema saltará por los aires y se hundirá como un castillo de naipes (ni sueldos de funcionarios, ni pensiones de jubilados, ni sanidad, ni educación ni nada de nada).

c) Aumentar los impuestos. Está claro que queda camino por hacer. La Iglesia Católica debe pagar impuestos como todo el mundo (empezando por el IBI de sus numerosos inmuebles), y son necesarias medidas para que el sistema fiscal sea más justo y eficiente, pero subir el IVA, el IRPF, y otros impuestos que ahoguen todavía más al contribuyente es una mala opción. En primer lugar estás asfixiando a la gallina de los huevos de oro. En segundo lugar a la gallina ya se le están hinchando los huevos de oro de ver que sus impuestos se despilfarran o se usan para engrosar los bolsillos de los que pueden jugar con ellos.

d) Recortar. Desde mi punto de vista la opción más viable. Yo estoy a favor de los recortes. Hay que recortar. Claro que hay que recortar. La clave es de dónde. Hay dos maneras de hacerlo:

d.1) Buscar la partida más grande de gasto (sanidad y educación) y pegarle un hachazo a lo bestia. Está claro que el montante ahorrado será grande, pero también lo es el coste social. En especial porque mientras haya despilfarro y malversación en otras partidas, cualquier recorte en algo útil no tiene legitimación posible.

d.2) Analizar partida por partida, todas aquellos gastos prescindibles que no necesitamos y eliminarlos. Unos ejemplos:
- Monarquía. No sirve para nada más que para alimentar a los parásitos que la componen y para matar elefantes. Muchos países no tienen y son felices.
- Senado. Ver Monarquía. No hay que reformar el Senado para darle una utilidad. Hay que eliminarlo.
- Ejército. Siempre recortable. Además no necesitamos enviar tropas a custodiar a los pescadores que van a Somalia a expoliar sus recursos. Si no tenemos pescado comeremos verdura.
- Incluyo dentro de Ejército los 40 millones de euros de dinero público que se embolsilla el ministro de defensa (Pedro Morenés) como compensación porque le prohiben fabricar bombas de racimo a su empresa Instalaza.
- Iglesia. Si alguien quiere financiarla que les dé dinero directamente. No más crucecitas en el IRPF ni más fondos públicos.
- Autovías que no van a ninguna parte.
- Aeropuertos que no se utilizan.
- Trenes de alta velocidad deficitarios.
- Amnistías y ventajas fiscales a grandes corporaciones, defraudadores, grandes fortunas y clubs de fútbol (para sueldos descabellados a los jugadores sí que hay dinero...)
- Corridas de toros y otros festejos con torturas a animales.
- Circuitos de Fórmula 1 y otras instalaciones deportivas que sean más inútiles que un hospital o una escuela.
- Subvenciones a fundaciones franquistas.
- Políticos. Sueldos obscenos, pensiones vitalicias y todos los privilegios que ya nos hemos indignado leyendo varias veces en cadenas de correos electrónicos.
- Coches, escoltas, cócteles, celebraciones, chóferes, helicópteros, y otros lujos oficiales.
- Retratos de ex-políticos (el de Cascos nos costó 200.000 euros)
- Financiación de partidos políticos. Ya cobran el 3% de comisión en adjudicación de obras (presuntamente, claro), recortemos pues de fuentes públicas.
- Administraciones duplicadas, fusión de ayuntamientos, diputaciones,...
- Informes y estudios innecesarios.
- Embajadas comerciales.

- Este artículo lo dejo abierto porque seguro que se me ocurren más cosas.

martes, 14 de febrero de 2012

LA PUBLICIDAD

Hace unos días me fijé en un cartel de una farola que anunciaba un curso que me interesaba. Ello no tendría nada de especial, si no fuera porque inconscientemente he generado un mecanismo mental de protección que me blinda ante la publicidad.

Yo creo que la publicidad bien utilizada es necesaria y positiva. Al anunciante le permite mostrar su oferta, darse a conocer y ganar clientes. Al consumidor saber los productos y servicios que pueden satisfacer sus necesidades. Y al intermediario (TV, radio, prensa, revistas, páginas web) le genera una fuente de ingresos (en algunos casos es la única que tiene) que le permite obtener beneficios. Por tanto la publicidad es algo positivo.

Sin embargo, cuando se utiliza en exceso o de forma agresiva, el consumidor genera mecanismos de defensa para protegerse que cercenan la utilidad de dichos anuncios. (Me gusta como suena la palabra cercenar... sobretodo pronunciando arrastradas las Rs... "el campo de batalla estaba cubierto de miembros cerrrcenadossss"..."¿Qué hay hoy para cer..cenar?"... etc.). Unos ejemplos:

1) - Cuando los canales de TV cercenan una película con anuncios tienen la tendencia a subir el volumen de voz. El mecanismo de defensa es poner el "mute", silenciándolos totalmente. Con ello puedes conversar, descansar los oídos, meditar y es más fácil y rápido recuperar el volumen anterior.

2) - Cuando alguien me manda de vez en cuando un mail para anunciar cursos, conciertos, talleres, productos etc... miro si me interesa. Si me manda tres al día y me satura la bandeja de entrada intento darme de baja o genero una "regla" para que sus mensajes sean borrados automáticamente y no tenga que perder el tiempo limpiando spam.

3) - Un papelito en el buzón te lo puedes llegar a mirar. Un fajo de propaganda postal va directo al contenedor azul.

4) - El maravilloso mundo de los banners, pop-ups y pantallitas emergentes en el ordenador. Al principio generé una habilidad especial para cerrarlas a las décimas de segundo de su aparición. Ellas contraatacaron temblando o moviéndose por la pantalla para que no alcanzara la X de cerrar tan fácilmente, pero también gané destreza y puntería. La última táctica fue que la X o el "Cancelar" fueran controles falsos que actuaban como un "Aceptar" y generaban más propaganda todavía. Cuando llegan a nivel de agobio tengo un compromiso personal de no consumir ningún producto de aproximación hostil que me hayan molestado o interrumpido. Por tanto tampoco sirven de nada.

PD - El punto 4 es aplicable a un montón de mensajes del ordenador. ¿Alguien se ha leído alguna vez los términos de la Licencia de un producto que acepta al instalarlo? La mayoría de los mensajes son aceptados de forma automática, sin leer su contenido. Van tan rápido y aparecen tantos que se aceptan por inercia. "La página que está abriendo contiene tanto elementos seguros como no seguros ¿Desea mostrar los elementos no seguros?" - Deseo ver la página. "Se han encontrado actualizaciones de su análisis de orina ¿desea instalarlas?"

Bueno, este me ha quedado un poco flojo, pero lo publicaré igual...

martes, 7 de febrero de 2012

ORO

Hace unos días mi madre estaba ordenando un armario y encontró una vieja caja de cartón. Dentro había una cubertería de plata. Recordaba vagamente que una tía abuela suya se la había regalado décadas atrás. Era un trasto inútil, lleno de polvo, y se disponía a enterrarlo otra vez, pero en el último momento me preguntó si yo creía que nos podrían dar algo por ella. Le contesté que el precio de los metales nobles había subido mucho y que era un buen momento para vender.

Empecé a investigar y me percaté de que los establecimientos para comprar oro se habían multiplicado como setas. Las antiguas inmobiliarias se habían reconvertido al nuevo sector oportunista. Así que, después de filtrar en Internet, me puse la caja en la mochila y salí a la aventura. Entré en la primera tienda. Rasparon los cubiertos y rociaron el polvo con un líquido. Me dijeron que aquello no era plata, que era alpaca, y que me lo llevara, porque ellos sólo compraban oro y plata de alta calidad. Yo ni sabía lo que era la alpaca. Así que salí de allí, más frustrado por tener que volver a cargar en mi mochila el peso de aquella caja en el viaje de vuelta que por no haber sacado un dinerillo por ella.

Sin embargo, en la misma calle, justo cuatro casas a la derecha había otra tienda igual. Como no tenía nada que perder, entré en ella y se repitió la misma historia. El raspado, la alpaca y el "te lo puedes llevar porque no te pagamos nada por esto". Salí otra vez a la calle y justo delante había un tercer establecimiento análogo a los anteriores. Ya estaba allí, así que ¿por qué no perder unos minutos más? Raspado, mirada triste... pero esta vez la frase fue diferente... "esto no es plata, es alpaca... sólo te podemos pagar poco más de 1.000 euros...". Obvia decir que yo puse cara de "bueno, qué remedio, me conformaré con ello", solté la carga y agarré el dinero, para salir corriendo antes de que se dieran cuenta de lo poco que hubiera aceptado por aligerar de peso mi espalda.

¡Mil euros! Por un montón de chatarra inútil. Hay gente que se pasa un mes entero trabajando 8 horas diarias por menos dinero. ¿Cuánto me hubieran dado de ser plata buena? ¿Y oro? Siempre he pensado que el metal noble, los diamantes, las joyas... están sobrevalorados. No se pueden comer, son trastos inútiles, no sirven para nada. No tienen ningún valor por ellos mismos. De acuerdo que no se deterioran, que el diamante es el material más duro de la tierra, y su extracción es costosa y a veces éticamente cuestionable, pero su valor es artificial. Sirven para adornar. Y yo personalmente valoro la belleza de la mujer en su naturalidad, no me gustan ni maquilladas, ni enjoyadas ni manipuladas con bótox o cirugía. Cuanto más naturales mejor. Uñas cortas y sin pintar. Ni brillo. Por eso nunca he entendido el elevado precio de los simples adornos.

Ahora encima, hay una burbuja. Como la hubo en la bolsa o en la vivienda. Y las burbujas se pinchan. Los inversores no confían en las divisas, el mercado inmobiliario ya no es líquido, la bolsa no remonta, las ludopatías financieras se desenmascaran y la renta fija y la deuda pública ya no son tan seguras. Por tanto otorgan su confianza al oro. Y el oro no vale nada. Es pura convención. El petróleo sirve para fabricar gasolina con la que desplazarse (y un montón de cosas más), el agua potable se puede beber, en los terrenos se puede edificar o cultivar, la ropa abriga, las casas te cobijan, los coches te llevan a los sitios... pero las joyas, los lingotes, los diamantes... no sirven para nada.

Tengo un amigo numismático (todos tenemos uno). Me comenta que hay gente que colecciona monedas (cosa que ya sospechaba). Algunas son de oro, con una antigüedad de cientos de años y un valor histórico y cultural elevadísimo. Pues se están vendiendo esas monedas a peso para fundirlas, porque es más caro su valor como metal que como pieza de coleccionismo. Es como vender el David de Miguel Ángel a peso porque el precio del mármol ha subido tanto que es más rentable trocearlo para hacer baldosas de lavabo que venderlo a un museo. Al final el coleccionista (o sus herederos) venden al mejor postor, el intermediario es oportunista de burbuja y no las reconoce ni valora y el destinatario final se conforma con un lingote para almacenar o hacer otra joya. "Sólo" pierde el patrimonio cultural de la humanidad. Que no es poco. Bueno..., tampoco seré yo el que compre esas monedas para salvarlas, y menos ahora.

Moraleja: si tienes joyas, oro, cuberterías u otra chatarra y te quieres desprender de ello aprovecha ahora. Muchos desearían haber vendido inmuebles o acciones antes del pinchazo de sus respectivos mercados.

jueves, 2 de febrero de 2012

TITULITIS

Yo soy de los que estudiaron una carrera universitaria y un master más para la obtención de un título que me abriera las puertas del mercado laboral que porque estuviera realmente interesado en el contenido de las asignaturas. 

Por supuesto, una vez encontré trabajo, tuve que aprenderlo todo de nuevo, dado que lo que me enseñaron en la facultad no era aplicable en el mundo laboral. Pero ya estaba dentro.

En mis años estudiantiles perdí bastante tiempo en aprender materia absolutamente inútil que nunca he usado y que ya hace tiempo que mi cerebro se encargó de borrar. Pero en ese momento (y todavía ahora) se valoraba a las personas así, y esos diplomas hicieron su función permitiéndome acceder a un empleo.

Hoy ya no sirven. La gente se queja de que tienen 3 carreras, 20 masters y 6 idiomas y no encuentran trabajo. Desde mi experiencia creo que el enfoque es equivocado.

Ahora estudio sólo lo que me interesa. Lo que me apetece. Y busco un conocimiento, no un título homologado. Soy selectivo porque los contenidos de relleno aprendidos sin interés no se retienen y por tanto aportan poco. Con algún profesor particular, leyendo, escuchando grabaciones, navegando en Internet, estoy formándome más intensamente que nunca, tanto a nivel académico como humano. Filtrar lo irrelevante hace que aprenda con mucha más efectividad que con la enseñanza reglada. Pero claro, eso no da títulos. Y sin títulos las puertas están cerradas.

Está nevando... 

miércoles, 1 de febrero de 2012

LA CODICIA

Cuando pensamos en codicia, nos vienen a la mente nombres como Luís Roldán, Iñaqui Urdangarín, Félix Millet, Francisco Camps, Mario Conde, Ruiz Mateos y toda una fauna corrupta (o presuntamente) de escoria humana inmunda que justifican cualquier medio a su alcance para acumular más riqueza. Gente que con un patrimonio más que suficiente para vivir cómodamente el resto de sus días sufren de una avaricia sin límite que les induce a la enfermiza ansia de desear todavía más.

Otros casos no son tan flagrantes, mayoritariamente legales, pero con la misma patología. Políticos que se asignan sueldos y beneficios espectaculares subvencionados por el contribuyente. Dentro de la ley pero fuera de la ética. Todos enfermos de codicia.

Todos estos casos son detestables, pero hoy quiero ir más allá. El ciudadano de a pie. No entraré en el que se endeudó en exceso para comprarse un piso, un coche o unas vacaciones por encima de sus posibilidades. Hoy quiero hablar de la codicia sutil del día a día. La que todos en mayor o menor medida padecemos. La cultura en la que nos hemos criado y de la que nos hemos empapado desde pequeños, en la que el dinero es lo más importante y el precio es el primer (y a veces único) criterio para tomar una decisión.

Unos ejemplos:

- Invertimos nuestros ahorros al mejor postor. Al que da mejor tipo de interés. Existe una banca ética y sostenible (léase Triodos Bank), que remunera menos el capital pero lo invierte con conciencia. Pero preferimos trabajar con el que pague más. Con el más cómodo. Nos da igual si invierte en armamento, si contribuye a la crisis económica o si sus proyectos degradan el Medio Ambiente. Que pague el máximo.

- Compramos los productos más baratos. Da igual que se produzcan con mano de obra esclavizada (reconocidamente o no), que su transporte desde la otra punta del mundo tenga un impacto medioambiental nefasto, que vaya en detrimento del empleo local, que su calidad y salubridad sean cuestionables, que deban madurar químicamente en los barcos (en caso de alimentos), que no se respeten los derechos humanos ni el medio ambiente en su país de origen, que enriquezcan a los directivos y accionistas de grandes corporaciones multinacionales en contra de las iniciativas locales. Precio, precio y precio. Siempre precio. Yo no estoy a favor de los aranceles, estoy a favor de la conciencia.

- Preferimos bajarnos contenidos gratis de Internet en lugar de pagar una cantidad simbólica para remunerar el derecho del autor (o de los intermediarios necesarios). Si la cultura es gratis, los que se dedican a ella deberán simultanear su arte con otro empleo para subsistir. Ello les quitará tiempo para su talento y el empobrecimiento cultural nos perjudicará a todos. Y no, no defiendo a la SGAE, ni su canon digital que castiga la potencialidad del delito (no el delito en sí) ni sus actividades mafiosillas o extorsionadoras, pero tampoco la descarga pirata libre de Internet. De nuevo apelo a la conciencia.

- Preferimos prostituirnos en empleos bien pagados (o seguros y preferentemente públicos) a hacer lo que realmente nos sale del corazón. Conseguir el máximo de dinero es la prioridad. Ser ricos. Este punto es controvertido, porque hay mucha gente en el paro o explotados por una miseria. Hoy hablo de los otros, los antiguos, que también hay un montón. Y cuidado, no nos confundamos. Que un trabajo te guste, que desarrolles tu talento, que te apasione lo que haces no está reñido con tener un buen sueldo. Debes valorar tu trabajo asignándole un buen precio. No es necesario cobrar menos a cambio de hacer lo que te gusta. A lo que me refiero es a no venderse exclusivamente por un sueldo o una seguridad. Existe vida más allá del dinero.

- El maravilloso mundo de la Segunda Mano. Da para un artículo entero. Conozco gente que le da asco comprarse ropa de segunda mano. ¡Está lavada! ¿Cómo lo hacen con el colchón o las sábanas de un hotel? Allí se ha copulado... Creo que la segunda mano (eBay, Cash Converters, Amazon,...) es el futuro. Te deshaces de trastos que tirarías a cambio de dinero. Compras cosas más baratas. Un intermediario da empleo. Se reduce el consumismo ciego. Y lo más importante de todo: algo que iría al vertedero a contaminar se reutiliza.

Yo soy optimista. Hace tiempo que se está produciendo un cambio de consciencia y que estamos pasando de la cultura del tener a la cultura del ser. De acumular objetos a nutrirnos de conocimiento y experiencias. La cultura del alquiler (no hablo sólo de viviendas: compartir coches, herramientas, objetos...) está sustituyendo lentamente el poseer o el usar y tirar. La consciencia y la ética avanzan sin parar, y la basura corrupta que últimamente salpica los medios de comunicación no es una tendencia al alza. Han existido siempre pero ahora son identificados y desenmascarados. Y probablemente haya menos. Yo creo que vamos bien.


lunes, 9 de enero de 2012

DINERO NEGRO

Leo con cierta preocupación que el gobierno quiere limitar los pagos en efectivo para incrementar el control sobre el dinero negro. No es que yo tenga dinero negro ni que me preocupe en especial que aumente todavía más el control sobre el ciudadano. Cuando hago la declaración de renta siempre pido el borrador y no deja de sorprenderme año a año la exactitud del conocimiento que Hacienda tiene sobre mis finanzas. En realidad, gracias a la escasa confidencialidad de los bancos sobre las cuentas de sus clientes, Hacienda ya controla totalmente mis rentas y patrimonio, y podrían controlar mi consumo y mis gustos comerciales (todo lo pago con tarjeta), dónde viajo (peajes, vuelos), dónde saco efectivo y cuanto, etc. Por ello que se incremente dicho control no me afecta porque ya estoy totalmente controlado, y me escudo en la masa anónima y en pensar que aunque tengan las herramientas, no se molestarán en perder el tiempo conmigo. En realidad que Hacienda me "conozca" tanto acaba siendo una ayuda dado que me ahorra tiempo y esfuerzo para preparar la declaración de la renta, hace años que tan sólo debo aceptar el borrador.


Mi preocupación va por otro lado. No sé exactamente cómo se materializarán estas intenciones, pero lo que está claro es que si no puedes moverte con dinero en efectivo, necesariamente debes usar un banco. Entonces trasladas la confianza del ciudadano del papel moneda (que por sí mismo ya no vale nada) a los apuntes contables que tiene un banco en su ordenador (que todavía valen menos).

Está claro que guardar efectivo en casa tiene un riesgo. Te lo pueden robar, se puede quemar en un incendio, etc... Pero tenerlo en un banco tampoco es la panacea. Si te roban la tarjeta, si un pirata informático entra en tu cuenta y accede a tus claves o suplanta tu identidad, si el banco quiebra, si el lugar donde lo inviertes tiene rentabilidad negativa (o es un fraude tipo Madoff o una temeridad tipo hipotecas subprime), si hay un corralito como en Argentina, si un virus informático, una estafa, mala fe o un fallo en el sistema modifica o borra el simple apunte contable en el ordenador del banco que son tus ahorros, si a tu país lo expulsan del Euro, o si sencillamente no te gusta que el banco te fusile a comisiones, entonces tal vez hubieras preferido guardar una parte de tus ahorros debajo del colchón.

Hasta ahora el Estado todavía ha tenido dinero para sanear las entidades que quiebran y reembolsar los ahorros a los afectados. Ha sido capaz de devolver la deuda pública con nuevas emisiones que todavía consiguen colocar. Y ha dado soporte a los bancos en dificultades (colaborando con dinero público a enriquecer a los directivos que lo han llevado a esa situación). Pero ello no es garantía de que pueda seguir haciéndolo indefinidamente.

Está claro que si no queremos volver al trueque debemos confiar en convencionalismos, que no valen nada por sí mismos porque no tienen una utilidad propia ni se pueden comer. Ni el oro, ni los diamantes, ni los ladrillos, ni las obras de arte, ni el papel moneda, ni las monedas, ni por supuesto los apuntes contables. Todo se basa en la confianza y todo vale en función de que haya alguien dispuesto a pagar o a intercambiar bienes y servicios por ello.

Sin embargo el efectivo es hoy por hoy una alternativa y lo que me preocupa es que se limite, porque entonces debes recurrir por fuerza a los bancos, estás obligado a confiar en ellos, a pagar sus comisiones, y a confiar que el Estado que te obliga a usarlos te protegerá ante sus quiebras o malas gestiones. Y entonces es cuando te cuestionas si detrás de la medida de limitar el efectivo, más allá del legítimo control sobre el dinero negro, no está la mano oculta de la banca que quiere apoderarse de la riqueza que todavía se escapa de sus garras.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

LOS FUNCIONARIOS

Últimamente leo que los funcionarios protestan por los recortes de sus sueldos y otros privilegios que se han convertido en insostenibles en tiempos de crisis.

Yo la verdad es que lo entiendo y en su lugar haría lo mismo.

Por un lado todo el mundo defiende sus intereses sin compararse con los demás. De no ser así no lucharíamos para mejorar nuestra calidad de vida porque en Somalia, Irak, Libia o Afganistán están peor que aquí. O no buscaríamos mejoras laborales porque suerte tenemos de trabajar habiendo gente en el paro. Las mujeres no buscarían la equiparación total en sus derechos si se conformaran con estar mejor que las de Arabia Saudí. Los derechos humanos no avanzarían si nos diésemos por satisfechos de tener más libertad que los chinos. No, compararse con los que están peor no justifica dejar de luchar por tus derechos.

En segundo lugar, la mayoría de funcionarios no son responsables de la mala administración de los fondos públicos. Al final la Administración Pública es como una gran empresa, (con sus jefes, sus contables, y sus auditores), que debe ingresar más de lo que gasta y sus empleados normalmente no son responsables, aunque lo sufran, de lo mal que se dirija el barco.

Y por último, y más importante, hay funcionarios que han hecho bien su trabajo, con esmero y pulcritud, y reciben el mismo trato que los parásitos que se han acomodado desde el día en que aprobaron las oposiciones. No es justo que los que trabajan bien reciban el mismo trato que los que trabajan mal. Que a todos se les baje el sueldo o se les quiten privilegios de forma universal al margen de su rendimiento particular.

Yo no creo en las medidas "masa". Me parece injusto que a un buen funcionario, eficiente, se le baje (o incluso se le congele) el sueldo porque la medida es indiscriminada. Pero a la vez también me parece injusto que a un funcionario ineficiente e inútil no se le pueda despedir.

A veces me pregunto por qué no se puede despedir a los funcionarios. Han aprobado unas oposiciones, sí, pero los universitarios también pasan exámenes y pruebas que no son garantía de empleo vitalicio. Incluso en la empresa privada hay pruebas de acceso. Todo es convencional, todo es porque se ha pactado así, y todo es reversible.

La ecuación es sencilla. La Administración Pública está al servicio del ciudadano. El ciudadano la paga con sus impuestos. Si está mal administrada (y mantener empleados ineficientes o innecesarios lo es) y amenaza con quebrar, habrá que alimentarla de más impuestos o recortar servicios necesarios. (Ya no considero endeudarse indefinidamente porque entonces sí que un día peta seguro). Como "propietario" de la Administración Pública el ciudadano tiene derecho a exigir que se administre con eficiencia.

Pero poder despedir a los funcionarios implica una reforma legislativa que difícilmente se va a producir. Europa es un continente con una Administración Pública tradicionalmente sobredimensionada. Si un político se atreviese a insinuar la flexibilización del despido de funcionarios no sólo sería castigado en las urnas por los mismos sino que debería enfrentarse a una huelga que le paralizaría el país. Este es el único motivo por el que no se pueden despedir.

Siempre he pensado que si no fuera por el derecho a huelga los trabajadores todavía sufriríamos la explotación de tiempos de la Revolución Industrial. Pero a la vez, no hace huelga quien está peor tratado, sino quien tiene mayor poder de presión. Los Controladores Aéreos, los pilotos de Iberia, no tienen peores condiciones laborales que los becarios, los pasantes de bufetes de abogados, o los miles de empleados de pequeñas empresas al borde de la quiebra que subsisten con sueldos miserables. Los funcionarios tampoco. Pero tienen poder de presión y por ello defienden legítimamente sus derechos sin compararse con los demás.

Sin embargo, y a pesar de todo ello, cuando veo que los funcionarios protestan por sus recortes salariales no puedo evitar pensar en la inmensa cantidad de gente que hay en el mundo que se cambiarían sin dudarlo por cualquiera de ellos, y por cualquiera de los que tenemos la inmensa suerte de vivir con las necesidades básicas cubiertas, en paz y en libertad, incluyéndome a mí.



jueves, 15 de diciembre de 2011

PALABRAS VACÍAS

Creo que hablar tanto de la crisis económica contribuye en gran medida a alimentarla. Las portadas de los periódicos y los informativos nos recuerdan a diario que estamos sumidos en ella y los estragos que está causando.

Es cierto que mucha gente ha perdido su empleo y que muchas familias se han endeudado por encima de sus posibilidades para comprar pisos que ahora valen mucho menos de lo que pagaron. También es verdad que la propia Administración Pública ha actuado con la misma temeridad gastando más de lo que ingresaba y compensándolo adquiriendo una deuda que cada vez le cuesta más de refinanciar.

Todo ello es verdad. Pero sembrar un ambiente de pesimismo generalizado no ayuda a salir de la situación. Conozco a muchas personas que han perdido su empleo y luchan por subsistir, pero conozco muchas más que lo conservan y que mantienen su capacidad adquisitiva intacta, pero que retraen su consumo, aparcan sus proyectos de inversión y no asumen riesgos porque tienen miedo al potencial empeoramiento de la crisis. Y todo ello no ayuda a resolverla.

Yo creo que las emociones influyen en la creación de la realidad. Los que crean que saldremos de la crisis saldrán de ella y los que crean que nos hundiremos se hundirán. Porque generamos nuestra realidad con nuestras creencias. Y la opinión está muy influenciada por los medios de comunicación que nos bombardean constantemente con mensajes catastrofistas.

Ocurre lo mismo con las enfermedades. Hablar de patologías, quejarse de los dolores, comentarlas con la gente, lamentarse, recrearse en ellas ayuda a intensificarlas y a verse a uno mismo como un enfermo. Y las enfermedades empeoran realmente cuando les das un protagonismo excesivo.

Es necesario actuar como una persona sana, visualizarte como un individuo sin enfermedades, proyectar mentalmente esta situación como real. Si lo haces las enfermedades dejarán de ser tu foco de atención y si, a demás de actuar así, te lo llegas a creer acabarás provocando tu propia sanación.

Yo voy incluso más allá. Intento evitar preguntar a la gente enferma cómo se encuentra. Muchos lo consideran pasotismo, una falta de atención y te pueden tildar de egoísta o insensible. No te preocupas por las enfermedades de los demás... No te importan estas personas... No te importa el sufrimiento de los otros...

La realidad es que evito recordarles que están enfermos. Entiendo que no les curará que yo les pregunte cómo están, no les beneficia en nada, y hablar de la enfermedad tan sólo contribuye a alimentarla. Yo puedo subsistir sin saber cómo se encuentran y es un sacrificio que estoy dispuesto a hacer si ello contribuye a mejorar su salud. Si el tema empeora ya me enteraré. Puedo hablar de otros asuntos. Incluso soy capaz de no hablar.

Y por otro lado no hago a los demás lo que no quiero que me hagan a mí. Yo mismo evito recordar mis enfermedades por lo que no me gusta que me pregunten sobre ellas y alimentarlas dedicándoles mi atención y energía en hablar o pensar en ellas. Y hablando de callarse... ya me callo.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

LOS PLANES DE PENSIONES

No entiendo la filosofía de los Planes de Pensiones. Congelas un dinero que no podrás utilizar hasta el día de tu jubilación. ¿Por qué? Porque no te fías de ti mismo y crees que no tienes la madurez suficiente como para administrar con libertad y buen juicio tus propios ahorros. Porque piensas que si lo tienes te lo gastarás y si te lo retienen a la fuerza no podrás cambiar de opinión y darle otro uso en el momento presente. Respeto esa opinión y supongo que hay gente que funciona así.

Personalmente prefiero administrar mis propios ahorros. Y lo que es más importante, decidir dónde los invierto y cómo y cuando me los gasto.

Sin embargo los Planes de Pensiones tienen bastante difusión básicamente por dos motivos.

Uno - Son un chollo para las entidades financieras, bancos, aseguradoras... Fidelizan clientes y tienen unos fondos disponibles intocables durante años. Es cierto que los derechos consolidados se pueden traspasar de entidad, pero no se pueden recuperar anticipadamente así que el incentivo para moverlos es menor. La entidad gestora y la entidad depositaria cobran unas comisiones para invertirlos y guardarlos durante años y nadie quiere renunciar a ese pastel. (Yo tampoco creo en los fondos de inversión, si pierdo dinero quiero que sea por mi propia responsabilidad y decisión, y no pagar a un ludópata para que se lo funda en mi nombre).

Dos - El estado los promueve. El sistema de pensiones público es de reparto. Lo que cotizas hoy sirve para pagar a los jubilados actuales y confías en que los trabajadores futuros paguen tu pensión. Esto es un chollo para el que se lo inventó, él no cotizó y cobró pensión, pero si la pirámide poblacional y la esperanza de vida varían (y son variables) te arriesgas a haber cotizado toda la vida (o ni que hayas cotizado un mes) y no ver ni un euro de pensión pública cuando te jubiles. Esto es injusto. Si no voy a cobrar prefiero guardármelo y administrármelo yo. Exactamente igual que con los Planes Privados.

Por ello yo digo. Menos incentivar fiscalmente los Planes Privados de Pensiones y más mejoras de la fiscalidad del ahorro en general, que ya somos mayorcitos para administrar nuestros propios dineritos... aunque viendo como la gente se endeuda para vivir por encima de sus posibilidades puede ser que me equivoque...


martes, 1 de noviembre de 2011

ANUNCIADO EN TV

Nunca he entendido lo de promocionar un producto a base de resaltar que se anuncia en TV. ¿Y qué? ¿Se supone que afecta en algo a la calidad? ¿Es garantía de algo? ¿De que la empresa puede costearse un anuncio en la televisión? Ello no implica que sea solvente, tal vez han dilapidado su estabilidad gastando demasiado en publicidad...

Para mí que un producto se anuncie en TV no me da garantía de nada. No me motiva a comprarlo. Ni a dejar de hacerlo. La tele casi no la miro, y si algo me sobra en especial son los anuncios. Como si los de la TV hicieran una auditoría de los productos que publicitan para verificar que son de buena calidad y responder por ellos.

Y aprovecho para decir, aunque no venga a cuento, que me da rabia cuando en una película el conductor está hablando con el copiloto y se pasa varios minutos mirándole a la cara, en vez de mirar a la carretera. ¿Quién se supone que conduce? ¿El piloto automático? ¿El Coche Fantástico? ¿El cámara?.

Por no hablar de las famosas pistolas de balas infinitas. No soy un experto en armas cortas, pero un revólver puede tener de promedio unas 6 balas. Y una pistola ¿cuantas puede tener? 10 a lo sumo. Tal vez 12. Pero no 30. No puedes estar media película disparando sin recargar y que no se acaben. Todo se acaba. Incluso este artículo.

jueves, 20 de octubre de 2011

LA BOLSA

Hace unos años cometí el error de invertir en bolsa unos ahorros que tenía. Hoy valen menos de la mitad y estoy esperando que se recuperen algo para vendérmelo, asumir la pérdida y no invertir en renta variable nunca más.

No, no digo que la bolsa sea una mala inversión, simplemente que mi perfil es más conservador y prefiero tener menos rentabilidad y más tranquilidad (y no fundirme los beneficios en antiácidos estomacales).

En resumen, la bolsa es más arriesgada que la renta fija y menos que la lotería. En la lotería inviertes un dinero, la rentabilidad es brutal y el riesgo elevadísimo. Por eso le destinamos poca cantidad y nunca nos quejamos de perderla, ya que somos conscientes de su riesgo y lo asumimos.

La bolsa es un término medio.Tengo una licenciatura en ciencias actuariales y financieras, e hice un master de un año en inversión y finanzas. Me familiaricé con conceptos tan apasionantes como el Análisis Técnico, el Análisis Fundamental, el PER, el BPA, la Beta,... para al final llegar a la conclusión de que la bolsa es simplemente un gran casino. Normalmente (a menos que inviertas en derivados y otras ludopatías similares) hay menos riesgo. Pero sus similitudes son mayores a las que yo creía.

- La banca siempre gana. No, no me refiero a los bancos, me refiero a las comisiones de los intermediarios, que se cobran por operación al margen de su rentabilidad.

- El casino se rige por el azar. La bolsa por las emociones humanas (que todavía son más erráticas e imprevisibles... ¡y sobretodo contagiosas!). Angela Merkel se tira un pedo y la bolsa baja. Obama sonríe y la bolsa sube. Las agencias de rating sacan la bola de cristal y la bolsa vuelve abajar. Miedo y expectativas. Eso mueve a los inversores y eso mueve la bolsa. Por lo demás me podría haber ahorrado un buen tiempo y dinero en el master.

No, yo no volveré a invertir en bolsa nunca más. Tendré una pérdida patrimonial que fiscalmente no recuperaré en los próximos 3 años, agarraré lo poco que me queda y ¡¡¡me lo fundiré en Euromillones!!!

martes, 18 de octubre de 2011

LA VIVIENDA

Hace unos años yo buscaba una vivienda para comprar. Los precios estaban desorbitados, incontrolables y los vendedores desbordaban prepotencia. Todo el mundo especulaba, todo se vendía, la burbuja inmobiliaria era ciencia ficción, y circulaban frases del tipo: "mañana será más caro", "el precio de la vivienda nunca baja", "si no compras ahora ya nunca más podrás"...

No, yo no era un profeta ni un visionario que anticipó el estallido de la burbuja. Yo no tenía ni idea de cómo evolucionaría el precio de la vivienda. Igual que todo el mundo. Simplemente me hice unas preguntas:

¿Quiero pasarme toda la vida destinando la mayor parte de mi sueldo/pensión para pagar una hipoteca de un piso que no me gusta? (los que me gustaban no los podía pagar, pero aunque así fuera...) ¿Necesito poseer una vivienda para ser feliz? Si los precios siguen subiendo nunca podré ser propietario de un piso... ¿Y? ¿Se basa en ello mi realización personal? ¿Me llevaré el piso a la tumba? (probablemente tampoco estaría totalmente pagado).

Así que decidí que viviría de alquiler y que probablemente nunca sería propietario de un piso. 

Pasaron los años. Hoy miro el precio de la vivienda y sigo pensando igual. Hay una crisis mundial, la gente pierde el empleo a un ritmo escalofriante y el precio de la vivienda no ha bajado en consecuencia. De hecho me sorprende que actualmente se venda ni un solo piso a esos precios.

Pero se venden. Y el comprador no se ha vuelto loco. Simplemente piensa que dentro de unos años su piso valdrá menos... igual que su coche y la mayoría de sus bienes. Es lo normal. Los objetos se deterioran con el paso del tiempo. O tal vez piensa que el precio de su piso todavía tiene recorrido al alza. Incluso tal vez ni se plantea que algún día lo pueda vender, simplemente le compensa porque sus valores o su capacidad adquisitiva son distintos a los míos.

Y el vendedor piensa que vale más tener un piso a la venta a un precio ficticio por si suena la flauta que asumir una pérdida que le ahorrará todo el recorrido de bajada que todavía puede acontecer. O da un margen de negociación más amplio (desconozco el precio real al que se acaban vendiendo). O tal vez estoy equivocado y el precio actual de la vivienda es el que se corresponde a la situación económica del momento.

Y el legislador sigue premiando fiscalmente la posesión de una vivienda sobre el vivir de alquiler. ¿Por qué? ¿Porque en este país impera la cultura de ser propietario de tu casa? ¿Porque la posesión limita la movilidad geográfica? ¿Porque impera la cultura de la deuda y por tanto es mejor un endeudamiento que ahoga que un ahorro que protege? ¿O simplemente porque el legislador es propietario de una vivienda y defiende sus intereses particulares? Exactamente igual que yo.

Yo defiendo el alquiler. Defiendo que fiscalmente no se penalice la decisión de vivir de alquiler respecto a la de comprar una vivienda. Que el ahorro líquido tenga el mismo tratamiento fiscal que el que decidió libremente invertirlo en ladrillo, en su vivienda habitual. Que los pagos de alquiler tengan el mismo tratamiento que los pagos de la hipoteca (independientemente de la fecha de compra o arrendamiento de la misma).

Yo en realidad pienso que la vivienda habitual es una forma más de invertir el dinero, que todo el mundo tiene la libertad de decidir qué hacer con sus rentas y sus ahorros y que prácticamente todo el mundo necesita un techo bajo el que vivir. Por ello, fiscalmente la vivienda habitual no debería tener un tratamiento diferenciado o particular a otro tipo de ahorro, inversión, patrimonio, donación, sucesión...

Pero claro, si tuviera una vivienda de propiedad pensaría distinto....