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martes, 30 de julio de 2013

EL EFECTO MASA

El ser humano se comporta a veces como un bisonte corriendo en estampida. Avanza a toda velocidad siguiendo a la masa sin saber hacia donde. Si los demás lo hacen será lo correcto. No se plantea la dirección. Podrían ir todos hacia un acantilado, pero no se lo cuestiona. Si todos corren por algo será... nadie se quiere quedar atrás...

Tenemos numerosos ejemplos. Colas en rebajas para comprar cosas que no necesitamos. Burbujas de todo tipo (si los demás se enriquecen comprando vivienda yo también... los inmuebles nunca bajan...). Modas (ropa, tecnología, redes sociales, juegos on line, fútbol...). Ideologías, religiones, creencias... Acumulación de poder o de riqueza material como indicador del éxito en la vida...

Yo creo que es un mecanismo de defensa del cerebro. Si tuviera que pensar todo lo que va ha hacer, con la cantidad de estímulos que recibe, se sobre calentaría y se le fundirían las neuronas. Por ello ha creado dos mecanismos de defensa:

a) La repetición, los hábitos, las costumbres, las rutinas... (hacer lo de siempre para no tener que volver a pensar / decidir cada vez)

b) Copiar, imitar, hacer lo que hacen todos... (si alguien ya lo ha pensado no lo tengo que volver a pensar yo)

Además, en una sociedad que castiga el error, el hecho de que muchos otros se hayan equivocado igual que yo es un atenuante social que siempre consuela.

De vez en cuando algún bisonte se detiene. Levanta la cabeza y mira hacia donde se dirige la manada. Y a veces no le gusta lo que ve. Si el bisonte está en la periferia puede parar. Puede apartarse. Incluso puede convencer a algunos de los que tiene cerca para que hagan lo mismo. Y si no son capaces por lo menos que le sigan a él en otra dirección.

Pero cuando el bisonte que se para está en el medio de la estampida fácilmente será arrollado por los demás o verá impotente como le arrastran hacia el acantilado. Un ejemplo sería la del soldado desertor en una guerra absurda (como todas) o la del defensor del medio ambiente en un escenario capitalista ultra liberal.

¡¡Bisontes!! Levantad la cabeza de vez en cuando para mirar hacia donde va la manada. Quizás otros os vean y os imiten. Tal vez podáis parar la manada. Tal vez no. Pero por lo menos mirad. Cuestionaos la dirección. Sino seréis arrastrados siempre por los que van delante dirigiéndola. Y ellos a veces tampoco saben el rumbo. También miran hacia el suelo... o tal vez están mirando hacia su propio ombligo...

PD - este artículo se lo dedico a mi padre. Le quiero por ser como es, no porque la sociedad establezca que a un padre hay que quererlo.

miércoles, 8 de febrero de 2012

LOS ÁRBOLES

Año 1994. En aquella época yo tenía una curiosa afición. Hacía excursiones con mi perro a la montaña, y recogía semillas (mayoritariamente piñones y bellotas) que plantaba en macetas en mi casa. Los regaba y cuidaba con cariño, y cuando crecían un poco los trasplantaba a los bosques que se habían quemado. Desgraciadamente tenía mucho terreno donde escoger.

Iba haciendo un seguimiento, en especial en los veranos más calurosos, con garrafas de agua para regarlos a todos. Eso sí que era sudar.

La propia tarea era bastante dura por sí misma. Los plantaba cuando todavía hacía frío. Cargaba la maceta (normalmente generosa), una pala, agua (para mí, para el perro y para el árbol) i un bocadillo.

Cavaba un agujero muy profundo, más que el tamaño de la maceta. Luego lo volvía a tapar y plantaba el árbol encima. Así sus raíces encontrarían la tierra removida cuando crecieran, y el agua se filtraría mejor. Luego los rodeaba de pedruscos enormes, para identificarlos cuando la vegetación colindante creciera. Era casi un monumento megalítico.

Con el tiempo me convertí en un verdadero experto. Mejores semillas, mejores lugares, mejores épocas, mejor equipo y mejor forma física.

El primer verano era crítico. Muchos morían. Pero con el tiempo y la experiencia un buen número ya lo superaba con facilidad. Otros no conseguía recordar dónde estaban y los perdía para siempre. Un bosque quemado es un desierto, lo verde se ve a millas, pero cuando los matojos crecen el paisaje cambia totalmente y al cabo de unos años ya cuesta orientarse.

Diversificaba en lugares y en especies para garantizar la tasa de supervivencia. Había una norma básica. Lejos de caminos y lugares frecuentados por humanos. Ello me obligaba a sudar la gota gorda cargando los bultos campo a través, y dejaba los bajos de los pantalones tan manchados de la carbonilla de los arbustos quemados que la lavadora no podía con ellos. Es cierto que alguna vez me encontré algún árbol regado o con un palo para que creciera recto que no lo había puesto yo, pero prefería que estuvieran en lugares inaccesibles para evitar atentados. En una ocasión dejé uno la mar de majo al lado de un camino (porque mi espalda me lo indicó así), todo rodeado de piedras para que no lo pisaran y cuando volví otro día me encontré su cadáver incinerado al lado de una colilla de cigarrillo. Los arbustos de alrededor impecables. Sólo quemaron el árbol. Hoy hago yoga y meditación, tengo paz interior y siento amor por todos los seres vivos del Universo. Pero recuerdo que en aquel entonces me cagué en toda la familia del hijo de la grandísima puta que me quemó el bonsái.

Pero el peor enemigo era otro. Tenía algunos árboles que ya levantaban casi un metro del suelo. De los primeros que planté varios años atrás. Y debo reconocer que a esos les tenía un cariño especial. Otro incendio forestal devastó la misma zona por segunda vez y murieron todos pasto de las llamas. Entonces lo dejé.

Yo creo que los árboles son la cosa más sagrada que hay en el planeta. Los adoro. Los amo. Sí, yo soy de los freakies que abrazan árboles en el monte. En la intimidad incluso los beso. Y cuando hay un agujero en la altura adecuada... (¡Es broma!).  La verdad es que siento su energía y su vida. Me encanta verlos, fotografiarlos, estar junto a ellos. Son un ser que siempre imparte bondad (oxígeno, humedad, sombra, frutos, refugio, tempera el clima, evita la erosión) a cambio de nada. Sólo suman. Son puro amor. Me encanta cualquier especie, cualquier forma y en cualquier lugar. Me apena cuando los talan, los queman o los hacen sufrir porque creo que ellos sienten el dolor y el miedo, igual que el amor que incondicionalmente siempre nos dan.

Hoy tengo 10 macetas en casa. Tres de ellas ya están germinando. Creo que ha llegado la hora de recuperar las buenas aficiones del pasado.

viernes, 27 de enero de 2012

CADÁVERES

Hace unos días, el vídeo de Marines Norteamericanos miccionando sobre los cadáveres de supuestos Talibanes dio la vuelta al mundo. A mí me parece una infamia toda la barbarie que se produce contra las personas en cualquier guerra. Las imágenes de asesinatos, violaciones, torturas, los prisioneros humillados en Abu Ghraib, o encarcelados sin juicio en Guantánamo, las violaciones de derechos humanos en cualquier lugar del mundo (con guerra declarada o no), todo ello me parece del todo injustificable.

Un cadáver ya no siente, no está vivo, no es más que un montón de piel, huesos y órganos en descomposición. Lo grave es lo que le pasa justo antes de morir. La dureza de estas imágenes radica en que un familiar pueda reconocerlos, enterarse por ellas de que han muerto e imaginarse cómo debieron ser sus últimos momentos. Ahí radica su brutalidad. En el sufrimiento real de sus allegados. Y por ello son absolutamente condenables. Los cadáveres en sí ya no se enteran de nada.

Una vez la persona muere, le da igual que sus restos sean incinerados, sepultados bajo tierra para banquete de los gusanos, descuartizados para extracción de órganos o para la formación de estudiantes de medicina o usados de urinario por una pandilla de capullos. Esos restos no son más que una carcasa vacía. Lo que ocurre con el alma que abandona el cuerpo no lo conocemos, pero quiero creer que tiene otras prioridades antes que preocuparse de lo que le ocurre a su antiguo recipiente.

Pero eso es una vez muerto. Antes de morir la persona sí que tiene derecho a decidir cómo quiere que reposen sus despojos, y seguro que ninguno elegiría ser el orinal del enemigo.

Yo también he decidido lo que quiero que se haga con mis restos. Quiero que me descuarticen como a un cerdo y que reciclen para trasplantes todos los órganos que se puedan aprovechar. Ojos, riñones, hígado, pulmones, corazón, prepucio (para reconstrucciones de piel en la unidad de grandes quemados). Que me extraigan todo lo que se pueda reutilizar (cuero cabelludo, dientes, huesos para el caldo, pelos para cepillos, intestinos para el fuet, piel para bolsos o zapatos...). Lo que quede que se lo den a estudiantes de medicina para que jueguen un rato. Y cuando ya no se pueda extraer nada útil, que utilicen la morcilla sobrante para hacer pienso ecológico para perros.

Parece una broma, y seguro que es ilegal. Estoy convencido que mis herederos no se buscarán problemas para cumplir la última voluntad de un viejo con demencia senil. Darán un par de órganos como mucho y quemarán el resto. Pero a mí me haría ilusión que se fabricara pienso para perros con mis despojos. Por un lado les devolvería todo el amor que me han dado en vida. Y por otro seguro que estoy más bien alimentado y tengo menos aditivos, hormonas, antibióticos y clembuterol que el ganado que usan para fabricarlo. Por tanto sería un pienso más ecológico, sano y nutritivo que el que hay actualmente en el mercado. Pero si no cumplen mi voluntad en el fondo me da igual. Yo ya no seré aquellos restos. Ya no estaré allí.

miércoles, 11 de enero de 2012

LA MUERTE

De pequeño temía a la muerte. Todavía recuerdo cuando mi hermano mayor me desveló su existencia. Estuve unos días bastante preocupado...

Hoy entiendo sus bondades. La muerte limpia, renueva, retira lo viejo para dar espacio a lo nuevo. Nos confirma la impermanencia de todas las cosas del mundo, todo cambia, nada es para siempre. Iguala a todos los seres humanos i hace viable la reproducción y la vida. Pero lo más importante es que te hace apreciar el hecho de estar vivo. Disfrutar de cada momento, no porque puedas morir mañana, sino porque seguro que habrá un día en el que morirás mañana. Un día se acabará, todos nos estamos muriendo, cada segundo. Por esto es vital ser conscientes de ello y aprovechar cada instante.

Ya comenté un día que con 7000 millones de habitantes (in crescendo) en este planeta pronto no se cabrá por lo que la muerte se convierte en algo todavía más esencial.

Por supuesto que estoy a favor de la eutanasia. Legal, por simple voluntad del afectado y financiada por la Seguridad Social. Debería ser accesible incluso para las personas sanas. Me parece tan obvio que nadie le puede impedir morirse a alguien que se ha cansado de vivir que no voy a dedicarle más tiempo.

Por supuesto tampoco se debe impedir vivir a alguien que lo desee. Por ello estoy en contra del asesinato. Parece una obviedad pero para mí no hay distinción entre quitar la libertad para vivir o para morirse.

Y cuando hablo de asesinato es independiente de que lo cometa un individuo o un estado. En consecuencia me parece aberrante la pena de muerte que no encuentro justificable en ningún caso (dada su arbitrariedad y su irreversibilidad en caso de error). Tampoco vale la pena profundizar más.

Pero hay un tema que ya no es tan obvio. El aborto. Está claro que un minuto antes de nacer, el feto ya es un ser humano. Dos minutos antes también. Y tres. (Podría seguir así minuto a minuto hasta llegar a los nueve meses, pero creo que ya se ha entendido la idea). Y está claro que un espermatozoide y un óvulo, aun estando vivos, no son una persona. Sino vaya remordimientos por cada pajilla... maté a millones de humanos potenciales cada vez. 

Para mí el aborto es necesario. Al margen de razones demográficas, sanitarias, psicológicas o violaciones, creo que no se puede obligar a una persona a tener un hijo no deseado ni a un hijo a tener unos padres que no lo quieran. Por tanto defiendo la libertad de cada uno de decidir si quiere abortar o no sin tener que dar más justificación que su voluntad.

Pero por otro lado reconozco que me cuesta establecer la frontera para definir si un ser humano formado y con consciencia lo es a partir de 14 semanas o a partir de 36. Y hay que poner una fecha, aunque un minuto antes y un minuto después la situación sea la misma. Al final esa alma buscará otro cuerpo en el que encarnarse con unos padres que quieran serlo. Exactamente igual que el resto de mortales tarde o temprano.

Me pica el ojo...



jueves, 20 de octubre de 2011

LA RELIGIÓN

Yo opino que todas las criaturas del Universo, y en particular cada ser humano, forman parte de Dios. Dios está en el interior de cada uno, y por tanto todos los templos, los rituales, los sacerdotes, las reliquias, los objetos y escrituras sagrados, las estatuas,... en definitiva, la religión, son únicamente representaciones e interpretaciones que hacen otros seres humanos, tan válidas y sagradas como cualquier otra invención humana.

Históricamente la religión ha provocado guerras, matanzas, tortura, odio, enfrentamientos, y ha reprimido la ciencia, la cultura, la diversidad y la libertad de expresión. Actualmente en muchos lugares todavía es así. En mi opinión la religión ha sido siempre un lastre para la humanidad, convirtiéndose en una herramienta de algunos para manipular, oprimir, obtener y mantener el poder y enriquecerse.

Pero el mensaje original de todos los grandes profetas que inspiraron estas religiones era el mismo. AMOR. Seguro que si levantaran la cabeza se horrorizarían de lo que se ha hecho en su nombre. Su mensaje era bien intencionado porque eran buenas personas. Seres humanos. Dioses. Como todos nosotros.

Actualmente me miro la religión como una forma de cultura. Cuando viajo me gusta visitar catedrales, ermitas, templos, por un interés histórico, arquitectónico y cultural. Tiene un peso fundamental en la historia y me agrada conocerla.

Las iglesias católicas no me gustan mucho porque es una religión que se basa en el sufrimiento y el miedo. Las representaciones de personas torturadas, acribilladas a flechas, serradas, hervidas, o clavadas en una cruz, con una corona de espinas en la cabeza y el pecho sangrando por una herida de lanza me parecen de una crueldad incomprensible. No entiendo como un instrumento de tortura romano puede haberse convertido en un símbolo de veneración. Esto no es Amor. Los indígenas de América debieron flipar al ver estas representaciones. Nosotros ya estamos acostumbrados, pero desde fuera debe ser muy chocante.

La religión budista es la que me genera más simpatía. Allí las representaciones son tipillos regordetes y sonrientes. Parecen más felices. Inspira más buen rollo. Pero para mí, lo mejor de todo es la idea de la Reencarnación. ¡¡Me parece genial!!

Si una persona piensa que debe sufrir en la Tierra para ganarse el Cielo, o que debe morir en Guerra Santa para que se le perdonen los pecados, más vale estar lejos de él. Pero alguien que cree en la Reencarnación es una joya. Todos sabemos que todos los bienes materiales y riqueza que acumulemos mientras vivamos los dejaremos aquí el día de nuestra muerte. Nacimos sin nada y moriremos sin nada. Pero el que cree que volverá se preocupa de dejar un mundo mejor. De ayudar a los demás. De hacer el bien. De sembrar la paz. De no contaminar. Porque todo esto se lo va a encontrar cuando vuelva. No sabe dónde nacerá, pero seguro que se beneficia de su semilla de bondad.

Ojala todo el mundo creyera en la Reencarnación.