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miércoles, 5 de junio de 2013

TRANSEXUALES

Algunas personas consideran que el cambio de sexo es una opción libre y personal de cada individuo. Por tanto pasar por quirófano para cambiar de sexo equivaldría a realizarse una operación de cirugía estética, como retocarse la nariz, una liposucción o un aumento de pechos, aunque mucho más cara. Por ese motivo debería ser financiada por la persona que lo desea, y no entrar dentro de la Seguridad Social ni ser pagada con dinero público, que debería destinarse a prioridades más vitales. Tampoco serviría el argumento del sufrimiento psicológico de la persona afectada, por tener un sexo distinto al que desea, ya que ello sería equiparable al de una mujer obsesionada por haber nacido con los pechos pequeños, y no por ello se le financia el aumento de mamas.

Yo no estoy de acuerdo. Yo opino que las operaciones de cambio de sexo sí que deberían estar cubiertas por la Seguridad Social. Es habitual que la transexualidad no se comprenda, y se considere un “capricho”, un vicio o incluso una depravación. Es cierto que afecta a un número reducido y minoritario de personas y que difícilmente es “adquirible” o “contagiable” en una persona que no lo padezca de nacimiento. Por tanto, todos los que no lo quieren en la Seguridad Social saben que ellos nunca lo necesitarán. Como ninguna mujer necesitará nunca utilizar los recursos públicos para el cáncer de próstata (y no por ello piden que se excluya). Y obviamente, la Seguridad Social no debería marginar ninguna problemática por ser minoritaria porque el afectado ya tiene suficiente desgracia de haberle tocado a él.

La transexualidad solamente la comprenden los transexuales. Si alguna vez te has roto una pierna puedes entender el dolor del que se ha roto la suya. Puedes empatizar y desear destinar recursos a su curación. Sin embargo difícilmente entenderás el sufrimiento psicológico de una persona atrapada en un cuerpo del sexo contrario. Pero si esa persona está dispuesta a pasar por el quirófano para que le amputen los genitales, para que le reconstruyan artificialmente otros, si está dispuesto a afrontar el calvario hormonal y el rechazo social que supone cambiar de sexo es que realmente está muy desesperada. Es porque el sufrimiento que le supone habitar su cuerpo es tan grande que prefiere padecer ese tormento a resignarse al cuerpo que le ha tocado al nacer. Ese sufrimiento no lo podemos entender, pero existe. Y la Sanidad Pública es para ayudar a que la gente no sufra. Incluyendo a las minorías.

miércoles, 3 de abril de 2013

EL MÚSCULO ESTAPEDIO

Es por muchos conocido que dentro del oído medio tenemos tres huesecillos, el Martillo, el Yunque y el Estribo, siendo este último el hueso más pequeño del cuerpo humano.

Pero algunos todavía no han oído hablar del músculo estapedio, también conocido como músculo del estribo. No por casualidad, también ostenta un récord, el de ser el músculo esquelético más pequeño de nuestro cuerpo.

Su función actual es atenuar las vibraciones muy pronunciadas que se producen en el estribo por los ruidos de gran intensidad. Protege las estructuras anexas (ventana oval), disminuye la sensibilidad auditiva y su parálisis se asocia con la hiperacusia (audición anormalmente sensible).

  
Pese a su escaso tamaño y actual desconocimiento, este músculo algún día protagonizará todos los medios de comunicación.

El cuerpo humano evoluciona y se adapta a su entorno, pero siempre va un paso por detrás.  La función crea al órgano. Estamos diseñados para vivir en la Naturaleza, pero en unos pocos centenares de años hemos modificado nuestro estilo de vida de forma radical, y nuestro cuerpo no está preparado para ello.

Un ejemplo es el ruido. Nuestro oído no está preparado para los niveles de ruido que sufrimos actualmente. El hombre primitivo escuchaba sonidos leves que podían significar la presencia de un depredador o enemigo, y ello podía ser clave para su supervivencia. El hombre actual escucha martillos neumáticos, motos de gran cilindrada, camiones de la basura, vecinos amantes del bricolaje y una infinidad de decibelios que no le aportan ningún beneficio ni le satisfacen ninguna necesidad.

Las personas pueden cerrar los ojos a voluntad y dejar de ver, pero no pueden decidir "cerrar los oídos" y dejar de escuchar... por ahora...

Exacto. El ser humano evolucionará, y en un futuro, tal vez dentro de miles de años, pero algún día, su músculo estapedio mutará, aumentará de tamaño, podrá ser controlado a voluntad y adquirirá la capacidad de separar temporalmente el yunque del estribo (o el estribo de la ventana oval), impidiendo la transmisión de las vibraciones del tímpano, y por tanto produciendo sordera absoluta de forma consciente y controlable.

Poder dormir, leer, meditar o descansar en silencio absoluto, al margen de lo que los demás decidan que debes escuchar. Poder simular que estás en una conversación o reunión de trabajo y "desconectar" de forma unilateral sin que los demás se enteren. Todo esto algún día será posible. Y no gracias a la tecnología. Gracias a la evolución natural y a la adaptación de un órgano que ha visto totalmente modificada la función para la que fue inicialmente diseñado.

No viviré lo suficiente como para poder ver mi teoría confirmada, probablemente faltan siglos para que nazca el primer humano con esa mutación, pero algún día ocurrirá. El tiempo me dará la razón.

miércoles, 1 de agosto de 2012

EL ALCOHOL

Como ya publiqué en su día yo soy partidario de la prohibición total del tabaco. 

Originariamente se consideraba una planta sagrada, utilizada en diversos rituales chamánicos y presente en la tradición de numerosas culturas. 

Pero en occidente se ha desvirtuado y corrompido hasta tales niveles que actualmente es una droga más, adulterada como pocas y con un poder adictivo y nocivo para la salud tan conocido como ignorado. Pero con un agravante importante. Su toxicidad no se limita al consumidor sino que afecta al entorno más próximo, al margen de su voluntad.

Se ha demostrado sobradamente que los fumadores no acostumbran a respetar la salud de los demás de forma voluntaria y espontánea. Por ello la única solución ha sido y sigue siendo prohibir. Una palabra que no me gusta pero que en este caso se convierte en necesaria.

A veces me preguntan, ¿si prohibirías el tabaco por ser una droga tóxica y adictiva, prohibirías también el alcohol?

Buena pregunta. Al margen de que ya se intentó en los Estados Unidos y fracasó, que ya sé que los cardiólogos recomiendan la copita de vino tinto diario y que si el tabaco es una fuente de empleo e ingresos económicos importantes, el alcohol lo es en mucha mayor medida, creo que hay una diferencia fundamental.

Cuando el uso del alcohol perjudica la salud de los del entorno (conducir borracho, provocar accidentes, peleas,...) la ley ya actúa. El hecho de beber no está penalizado, está penalizada la agresión que provoca a otro. Y es correcto que así sea. Del mismo modo el hecho de fumar no debería prohibirse, debería estarlo el perjuicio que provoca el humo en pulmón ajeno, pero en este caso, va siempre asociado. No puedes fumar cerca de una persona y no perjudicarla pero sí puedes beber un trago de alcohol y que no le afecte. Esta es la diferencia fundamental.

Debo añadir que yo soy abstemio total. Hace años que no pruebo una gota de alcohol. Al menos voluntariamente (si alguien me invita a comer y ha puesto un poco de vino blanco en el estofado no le hago un feo, pero no lo bebo directamente). Y lo hago porque creo que mi hígado ya tiene suficiente trabajo para depurar toda la basura que ingiero involuntariamente con la adulteración actual de los alimentos como para que yo le añada más veneno. Ya trabaja bastante como para que yo lo estrese más. Yo quiero a mi hígado. Yo quiero a mi cuerpo. Por eso los cuido y respeto.


lunes, 23 de julio de 2012

LOS MOSQUITOS

Hace tiempo que me cuestiono la utilidad vital de los mosquitos. Afortunadamente aquí no transmiten enfermedades letales, pero no acabo de entender qué se había fumado "El Creador" el día que decidió inventarlos.

Claro, seguro que las arañas, pájaros, peces, batracios, murciélagos y otros benefactores que se alimentan de ellos no opinan igual, pero yo me sigo preguntando si no hubiera sido mejor hacer unas mosquitas inofensivas para tal finalidad.

Tengo las piernas taladradas con premeditación, alevosía, ensañamiento y nocturnidad. Mi filosofía budista de respetar a todos los seres vivos se desmonta como un castillo de naipes en un tsunami ante tal contradicción. Los combato como a cualquier virus, bacteria, hongo o parásito que pretenda alimentarse de células de mi cuerpo... sin tregua.

Un día decidí que no usaría armamento químico o bacteriológico. Ni sprays, ni enchufes, ni citronela, ni velas, ni humos, ni collares o pipetas antiparasitarios. Creo que el veneno y los tóxicos insecticidas me perjudican más que el anticoagulante de la picadura. Yo trabajo a pura palmada. Tú me picas, yo te aplasto. Yo te aplasto y tu ya no me picarás. No utilizo ningún otro método (a excepción de dejar las zapatillas usadas en la ventana, cuyo hedor crea una barrera que purga cualquier forma de vida, pero lo hago más por dignidad humana que como insecticida).

Con el tiempo me he convertido en un cazador experto. La clave es la sangre fría. El temple. La ecuanimidad. Cuando los veo volar los sigo sin odio, sin rencor, sin pasión. Intento que pasen por una superficie blanca (paredes...) para mejorar el contraste y los aplasto al aire de una palmada, a la primera. Mi eficacia y reflejos han incrementado de forma exponencial. La destreza y la maestría se adquieren con el tiempo y la experiencia. Al final haces filigranas, cacería espectáculo (chafar a la vez uno con cada mano, arrojar un objeto al aire, aplastar al mosquito y recoger el objeto antes de que caiga al suelo, etc...).

Cada noche, antes de acostarme, hago una redada por la habitación. No dejo ni uno con vida. Mi propia vista ha mejorado y los detecto al instante. Me conozco cada rincón, cada muesca en la pared. Moscas, arañas están siempre a salvo de ser confundidos. Identifico tigres, vulgares, mosquita cojonera que pica. Un experto de la universidad de la vida, del trabajo de campo. No, no seré modesto, soy un depredador, 50% rana, 50% Schwarchenechsewenegger.

Una vez, escuché en un documental que los mosquitos no son como las abejas o las inyecciones. No es un aguijón afilado y poderoso que pica a golpe. Más bien es una especie de serrucho, y tarda unos 20 segundos en hacer un agujero para meter la trompa succionadora. Por tanto tienes todavía un tiempo de respuesta. Por ello, una táctica habitual, es dejar que se posen en mi pierna. Que me empiecen a picar. Cuando tienen la trompa dentro son más vulnerables. Imaginaros a un hombre en plena cópula. En pleno orgasmo. Seguro que no tiene ganas de luchar o huir ante un peligro, o como mínimo reacciona más lento. Esos segundos hacen la diferencia. Esos segundos te permiten aplastarlo con comodidad. Sin prisas. Sin estrés. Sin remordimiento. Sin odio. Sin crueldad. Sin piedad. Sin sentimientos. Sin rencor.

martes, 5 de junio de 2012

ENFERMEDADES

Hace un tiempo, la madre de una amiga murió de cáncer. Ella me preguntaba ¿por qué? ¿por qué le ha tenido que tocar a ella? Esta pregunta me hizo reflexionar.

Está claro que la raza humana ha tenido un comportamiento evolutivo muy distinto a las demás especies básicamente por dos motivos:

a) No tenemos un depredador natural. Por tanto los individuos débiles, peor adaptados o menos hábiles no son eliminados por él (como ocurre en muchas otras especies) y pueden reproducirse y propagar sus genes.

b) Los avances médicos permiten sobrevivir a personas con enfermedades hereditarias y trastornos genéticos que de forma natural no habrían llegado a la edad reproductiva y no los habrían transmitido a sus hijos.

Por tanto la salud natural de la especie humana se deteriora con el tiempo, compensada por los avances médicos, higiénicos, sanitarios y tecnológicos de los que cada vez somos más dependientes.

Básicamente equivaldría a que (en un mundo sin humanos) los leones tuvieran la capacidad reproductiva de los conejos (o de los monos) y aumentaran su longevidad a través de los avances científicos. Se produciría un desequilibrio y una sobrepoblación al romperse las reglas de la evolución.

Pero esto es solamente la predisposición hereditaria. Creo que es inevitable y que es bueno que así sea. No se escoge la herencia genética (al menos conscientemente una vez nacidos), y no seré yo el que pida un depredador o ser depurado por viejo, enfermizo o torpe.

Pero también opino que es la parte más pequeña de la causa de las enfermedades. Yo no creo en una lotería divina que diga "a ti te ha tocado tener un cáncer". No hay ninguna rifa sobrenatural de enfermedades que reparta aleatoriamente células cancerígenas entre la población.

Nuestro estado natural es estar sanos. El cuerpo es una máquina perfecta, increíblemente precisa y maravillosa. El trato que le damos, el mal uso y el abuso que hacemos de él es lo que realmente nos hace enfermar. Y hay, a mi entender, cinco tipos de agresiones:

a) Voluntarias - aunque parezca inconcebible, todavía hay gente que fuma, que bebe alcohol, que toma drogas, o café, que someten sus tímpanos a ruidos insoportables (discotecas, conciertos...), que se tatúan la piel (u otras torturas estéticas), que se someten a esfuerzos físicos o mentales brutales en su tiempo de ocio,...

b) Por ignorancia - nadie nace enseñado. Es un proceso lento y requiere una dedicación y un tiempo. Los ejemplos abundan. Dietas desequilibradas, azúcares, harinas refinadas, alimentos acidificantes, bollería, abuso de carnes rojas... Uso de detergentes, lejías, insecticidas, desinfectantes y otros productos (domésticos o industriales) sin la adecuada protección. Automedicación, costumbres insanas... Por supuesto no será el fabricante del producto tóxico el que desincentive su uso, pero en muchos casos, un poco de cultura e información bastaría para corregir verdaderas barbaridades que nos están matando a largo plazo. 

c) Inevitables (o por engaño)  - por sana que intentes que sea tu vida, a veces cuesta luchar contra muchas agresiones nocivas. Radiaciones y ondas de teléfonos móviles, wifis, radios, microondas y tele que no puedes ver, que hace 100 años no estaban y por tanto el ser humano no ha podido evolucionar en su defensa. Aunque elijas comida ecológica te pueden colar un montón de productos adulterados, transgénicos sin que te enteres. Puedes elegir dónde vives, pero en algunos lugares no puedes discriminar entre una bocanada de aire puro y una de contaminado. Productos como el DDT, (oficialmente inocuo hasta que se descubrió que mataba) pueden repetirse en un futuro con el Aspartamo (todavía legal por poderes económicos pero de demostrada toxicidad) y miles de productos actualmente autorizados. Encontramos mercurio en el pescado, antibióticos y hormonas en la carne, se cultivan cereales transgénicos... Respiramos vapores de plásticos, pinturas, barnices, aislantes, amianto,... Bebemos agua clorada, con metales pesados... La lista es infinita...

d) Por omisión - no basta con evitar las agresiones. Hay que cuidar el cuerpo proactivamente, cuidándolo, mimándolo y escuchándolo. Practicar deporte, estar en contacto con la Naturaleza, dormir las horas suficientes...

e) Mentales y espirituales - Una persona con los puntos anteriores cubiertos pero con pensamientos negativos, con emociones perturbadoras, estresada, carente de ocio o tiempo libre, con una vida vacía y sin contenido, con un trabajo que no le gusta y unas relaciones conyugales y sociales tóxicas, probablemente también enfermará. No somos solamente un cuerpo que funciona de forma independiente del resto.

Definitivamente no, no es una lotería. Y aunque el punto c) es de difícil aplicación (que no imposible, tenemos un montón de herramientas para mitigarlo), los otros puntos son relativamente sencillos. El quid de la cuestión es acordarse de ellos antes de enfermar, no cuando ya es demasiado tarde.

martes, 24 de enero de 2012

LA BUENA EDUCACIÓN

La libertad de una persona acaba donde empieza la de otra. Todo el mundo tiene claro que si yo tengo ganas de clavarle un hierro oxidado en el ojo de un transeúnte choco con su derecho a no sentir ese dolor. Hay otros ejemplos obvios, como no ser violado, asesinado o que tus pulmones no sean intoxicados con substancias cancerígenas provenientes de cigarrillo ajeno. Cualquier agresión contra tu persona que merme tu salud o te provoque dolor, lesión, infección, intoxicación o muerte es injustificable. Nadie lo discute.

En otros casos la frontera es más difusa. Algo que molesta. Es subjetivo y depende del umbral de tolerancia de cada uno. Por ejemplo el ruido. Hay ruidos insoportables para todo el mundo (que no sea sordo). Y a la vez hay personas que sufren con ruidos estadísticamente calificables como leves. Todos están en su derecho y depende de  la sensibilidad auditiva de cada uno. Es muy difícil establecer una frontera en decibelios para marcar algo tan subjetivo. Yo en caso de duda siempre soy partidario de favorecer al silencioso porque creo que la contaminación acústica está infravalorada, pero no voy a extenderme en algo que depende de cada caso particular.

Existe un tercer nivel. Lo que se considera como mala educación. Desde mi punto de vista absurdidades culturales que se han transmitido generación a generación y han evolucionado hasta la actualidad porque nadie se ha planteado el por qué. Su inconsistencia se evidencia porque son muy variables en distintos lugares de la Tierra. Lo que es reprochable en Suiza tal vez no lo sea en la India.

Hablo de aquellas cosas que molestan porque nos han enseñado desde pequeños que eso molesta. Los ejemplos son innumerables. Si voy a un restaurante a comer y rebaño el plato con la lengua probablemente no se considere una muestra de reconocimiento hacia el chef (y lo sería). Lo de quitarse los zapatos es un mundo aparte. ¿Por qué hay que esperar a estar solo para andar descalzo por la oficina?. Sorber la sopa ruidosamente no revienta los tímpanos a nadie. La tortilla la corto como quiero, si me apetece uso un hacha. El muestrario es extenso. Pies encima de la mesa, palillos en la boca, uso de los cubiertos, etiqueta en la mesa,...

Pero hay otras todavía más absurdas. Hablo obviamente de pedos, eructos y bostezos sonoros. Son necesidades tan nobles como comer o respirar. El cuerpo ha diseñado unos mecanismos para evacuar el aire sobrante del cuerpo. Tirarse un pedo ruidoso está mal visto en Occidente. ¿Por qué? Su hedor apenas dura unos segundos. Y su contención puede acarrear unos dolores de intestinos terribles. Va contra natura. Nadie se escandaliza por ver eructar a un bebé. Al contrario, lo fomentan y se alegran. Pero a partir de una edad ya no se permite. Hay que disimular. Reprimir.

Lo de mear y cagar (que podría ser tan social y normalizado como comer y beber) está mejor visto, y como genera un residuo se establecen lugares privados para ello. ¿Huele mal? Es cultural. Mi perro se hartaba de oler excrementos de otros canes o entrepiernas humanas porque ello le daba información (supongo, nunca le pregunté). Su olfato estaba mucho más desarrollado como para ofenderse, pero nadie le enseñó que ese olor era malo. (También rebañaba el plato con la lengua).

En los pedos y eructos hay que disimular. ¿Por qué? ¿Por qué no me puedo tirar un santo cuesco en una entrevista de trabajo si tengo ganas? (pregunta retórica, sé la respuesta perfectamente). En cambio sí que puedo toser o estornudar. El aparato respiratorio tiene mejor prensa que el aparato digestivo. Su funcionamiento natural está mejor considerado. Pero ambos son imprescindibles para sobrevivir.

Todavía recuerdo con nostalgia aquellos días en la oficina. Si me quedaba solo en el ascensor intentaba soltar un pedo al bajarme, justo antes de que se cerraran las puertas detrás de mí... "Ahí os lo dejo" pensaba con orgullo.


martes, 10 de enero de 2012

LOS MEDICAMENTOS

No soy médico, farmacéutico, enfermero, naturópata ni terapeuta. Por tanto es posible que este artículo contenga errores o imprecisiones. Se basa únicamente en mi experiencia e intuición. Como todo el contenido del blog. Por eso le llamé "Mi opinión" en vez de llamarlo "La verdad absoluta".

Existe la creencia de que las empresas farmacéuticas se concentran más en su lucro, en la obtención de beneficio económico y en el enriquecimiento de sus propietarios y directivos que en la salud de sus clientes. Yo en casos puntuales he tomado medicamentos que me han aliviado los síntomas e incluso me han curado completamente de forma rápida y eficaz. Por tanto creo que algunas empresas, además de lo anterior, también se preocupan para diseñar medicamentos que curen.

Conozco gente que opina que hay farmacéuticas que diseñan medicamentos para "fidelizar" a sus clientes y cronificar sus enfermedades aliviando los síntomas temporalmente pero convirtiéndolos en adictos a esa substancia. Yo creo que en parte la culpa también es de los pacientes que se automedican y personalizan las prescripciones, lo cual es especialmente peligroso. Por un lado "vacunas" a las bacterias con dosis inadecuadas de antibióticos y luego se vuelven más resistentes para ti y para aquellos a los que contagias y por otro acostumbras a tu cuerpo a dejar de fabricar substancias necesarias porque ya se las suministras desde fuera.

Creo que la medicina alopática debe complementarse con la medicina natural que en mi caso siempre ha sido más efectiva y menos agresiva en cuanto a efectos secundarios. La llaman medicina alternativa. Simplemente son conocimientos adquiridos por seres humanos con la única diferencia que no hay un Estado (conjunto de personas) que haya seleccionado, regulado, limitado y encapsulado los contenidos en una carrera universitaria y se filtre a los que puedan ejercerla en base a un título homologado. Por el resto ambas están plagadas de aciertos y errores, de excelentes profesionales, de personas experimentadas y de buena fe que quieren ayudar al prójimo, pero también de incompetentes y de farsantes. Pero esto es un capitulo aparte.

Volvamos a los medicamentos. Hay uno que me hace mucha gracia. Se trata de los llamados "protectores estomacales". Creo que es una estrategia de marqueting excelente. Si un médico te receta un protector estomacal tu estómago va a estar protegido. ¿Quién no quiere proteger su estómago?. Te lo tomarás hasta con ilusión. Según tengo entendido es un reductor de acidez a base de inhibir la secreción de ácido clorhídrico estomacal. Yo lo estuve tomando durante mucho tiempo y no me curé hasta que decidí dejarlo. El ácido es necesario para la digestión. Si lo reduces se te cuelan "bichos" (es una barrera protectora natural), y el alimento mal digerido provoca cándidas y otras patologías intestinales. Pero con ese nombre quien no lo va a tomar. Es como ponerle a un jabón Sanex. Si me ducho con él estaré sanox. Todo el mundo quiere estar sano. Por esto los nombres influencian tanto en la decisión de compra y consumo, y en realidad no afectan en nada a la calidad real del producto. Son pura etiqueta. Pura decisión de marqueting.

Yo me curé el reflujo cuando dejé de tomar medicamentos para él y decidí inclinar la cama, comidas menos abundantes, nunca copiosas, cenar 2h antes de ir a dormir, cero tabaco (nunca fumé), cero café (nunca tomé), cero alcohol (sí que bebí), menos azúcar, menos carne, menos grasas, menos chocolate,... y sobretodo, nada de estrés (deporte, yoga, meditación y apartar de tu vida aquello que te hace infeliz). ¡¡Y cuidar la dieta!!. La dieta es extremadamente poderosa para la salud.

Y como éste otros ejemplos. Una almorrana operada dos veces. Llevaba tantas pomadas lubricando el ano que me hubieran sodomizado y ni me habría enterado. Un día decidí dejarlas de golpe, se secó y nunca más volvió a molestar.

Bueno lo dejo aquí que me tengo que ir a tomar la pastilla.

jueves, 15 de diciembre de 2011

PALABRAS VACÍAS

Creo que hablar tanto de la crisis económica contribuye en gran medida a alimentarla. Las portadas de los periódicos y los informativos nos recuerdan a diario que estamos sumidos en ella y los estragos que está causando.

Es cierto que mucha gente ha perdido su empleo y que muchas familias se han endeudado por encima de sus posibilidades para comprar pisos que ahora valen mucho menos de lo que pagaron. También es verdad que la propia Administración Pública ha actuado con la misma temeridad gastando más de lo que ingresaba y compensándolo adquiriendo una deuda que cada vez le cuesta más de refinanciar.

Todo ello es verdad. Pero sembrar un ambiente de pesimismo generalizado no ayuda a salir de la situación. Conozco a muchas personas que han perdido su empleo y luchan por subsistir, pero conozco muchas más que lo conservan y que mantienen su capacidad adquisitiva intacta, pero que retraen su consumo, aparcan sus proyectos de inversión y no asumen riesgos porque tienen miedo al potencial empeoramiento de la crisis. Y todo ello no ayuda a resolverla.

Yo creo que las emociones influyen en la creación de la realidad. Los que crean que saldremos de la crisis saldrán de ella y los que crean que nos hundiremos se hundirán. Porque generamos nuestra realidad con nuestras creencias. Y la opinión está muy influenciada por los medios de comunicación que nos bombardean constantemente con mensajes catastrofistas.

Ocurre lo mismo con las enfermedades. Hablar de patologías, quejarse de los dolores, comentarlas con la gente, lamentarse, recrearse en ellas ayuda a intensificarlas y a verse a uno mismo como un enfermo. Y las enfermedades empeoran realmente cuando les das un protagonismo excesivo.

Es necesario actuar como una persona sana, visualizarte como un individuo sin enfermedades, proyectar mentalmente esta situación como real. Si lo haces las enfermedades dejarán de ser tu foco de atención y si, a demás de actuar así, te lo llegas a creer acabarás provocando tu propia sanación.

Yo voy incluso más allá. Intento evitar preguntar a la gente enferma cómo se encuentra. Muchos lo consideran pasotismo, una falta de atención y te pueden tildar de egoísta o insensible. No te preocupas por las enfermedades de los demás... No te importan estas personas... No te importa el sufrimiento de los otros...

La realidad es que evito recordarles que están enfermos. Entiendo que no les curará que yo les pregunte cómo están, no les beneficia en nada, y hablar de la enfermedad tan sólo contribuye a alimentarla. Yo puedo subsistir sin saber cómo se encuentran y es un sacrificio que estoy dispuesto a hacer si ello contribuye a mejorar su salud. Si el tema empeora ya me enteraré. Puedo hablar de otros asuntos. Incluso soy capaz de no hablar.

Y por otro lado no hago a los demás lo que no quiero que me hagan a mí. Yo mismo evito recordar mis enfermedades por lo que no me gusta que me pregunten sobre ellas y alimentarlas dedicándoles mi atención y energía en hablar o pensar en ellas. Y hablando de callarse... ya me callo.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

MASA CORPORAL

Estoy delgado. Si se compara mi masa corporal con el promedio de varones de mi edad en el continente europeo o norte americano se puede considerar que me "faltan" algunos quilos. ¿Para qué? ¿Para llegar a dónde? ... Como soy bastante alto todavía se me nota más. No existe ningún peso ideal, lo importante es tener buena salud y encontrarse bien. El resto son estadísticas y comparaciones.

Sin embargo estar delgado está socialmente bien visto, y hay más gente intentando adelgazar que engordar (en los países occidentales y todavía ricos como el nuestro). Por ello hay una cierta laxitud a la hora de remarcar mi delgadez que no existiría en el caso contrario.

Prácticamente cualquier persona que me encuentro, que no veo desde hace más de un mes hace el mismo tipo de comentarios: "¡Estás muy delgado!" "Cada día estás más delgado" "¿Te has adelgazado?". Yo debería responder "Y tú cada día estás más gordo" "Cada día estás más viejo" "Cada día estás más calvo" "Cada día estás más feo". Probablemente me acercaría a la realidad más que ellos, pero no lo hago porque por cortesía se acepta la delgadez pero no la obesidad, la constatación del inevitable paso del tiempo, la alopecia o la fealdad. Aunque podría remarcar otros atributos, "Cada día estás más alto, más bajo, más miope, más zurdo, más monógamo, más heterosexual,..."

Cualquier atributo físico, "bueno", "malo" o indiferente, cualquiera, que te lo repitan el número suficiente de veces se puede llegar a hacer pesado. Si cada vez que te ve cualquier persona remarcara tu altura, tu masa corporal, el color de tu pelo o tu lunar en el prepucio lo acabarías aburriendo. Podrías llegar a pensar que tienes un problema o simplemente podrías acabar hasta la bolsa escrotal de escuchar siempre la misma frase.

Es por ello que siempre que veo una persona con atributos estadísticamente diferenciados me cuido bien de no recordárselos. Imagino que puede estar saturado de comentarios sobre su particularidad, y no quiero ser yo el original de turno que se demuestre incapacitado para mantener una conversación alternativa.

Ello es extrapolable a la parejita joven de la boda que todos machacan con "¿Y vosotros para cuando?" "¿Sois los próximos?". Pues igual no se quieren casar. O uno sí y el otro no y están en crisis encubierta por ello. O simplemente están hasta los genitales respectivos de escucharlo.

Por no hablar de la parejita en edad fértil que va a visitar a un neonato y los neopadres les preguntan "¿No os animáis?" "¿Venga que nuestro chiquitín quiere un amiguito para jugar?" "A ver si os ponéis las pilas". Pues podría ser que lleven años intentándolo y les recuerdes lo que les cuesta a ellos y lo fácil que ha sido para ti. O que uno quiera y el otro no y están en crisis encubierta por ello (esta frase me suena). O que no quieran tener hijos, o no puedan o simplemente estén hasta los genitales respectivos de escucharlo (bis). Y encima tienen que mentir diciendo que el bebé es guapo. Pues no, es feo, y no se parece a nadie de la familia, todavía no han tenido tiempo de moldearlo. Ya le llegará.

lunes, 24 de octubre de 2011

EL AZÚCAR

De pequeño devoraba con pasión todo tipo de dulces y chucherías. En esa época pensaba: "Cuando sea mayor ganaré dinero, y me podré comprar todos los caramelos que quiera sin tener que pedírselo a mis padres... pero claro, entonces ya no me hará falta porque a los adultos no les gustan las chuches".

Me equivoqué. Fui creciendo y mi afición por el dulce no hizo más que aumentar. Todavía recuerdo salir de la oficina y modificar mi ruta para pasar por delante de una tienda de golosinas. Casi me daba vergüenza, un adulto trajeado rodeado de escolares, llenando mi bolsa hasta los topes que siempre consumía en su totalidad en el trayecto antes de llegar a casa. No importaba su tamaño.

Empecé a relacionar la cantidad de dulces con el nivel de estrés en el trabajo. En un mal día, una situación laboral tensa o unos plazos de entrega ajustados la dosis era más elevada. Me daba cuenta de mi adicción, pero mis dientes y mi constitución lo aguantaban y me gustaba el sabor por lo que no entendía la necesidad de dejarlo. Las diarreas eran intermitentes, y me olvidaba de ellas una vez las había superado.

Con el tiempo me diagnosticaron una Candidiasis Crónica. Siempre pienso que todas las cosas que ocurren tienen un buen motivo de ser. Y a esta enfermedad debo agradecerle que me concienciara del poder tóxico y adictivo del azúcar. Y a la vez que me diera un toque de atención antes de tener algo peor, como una diabetes o un cáncer.

Tuve que dejar completamente el azúcar. Adiós a las chuches, a los helados, a los turrones, a los panellets, a la coca, a los bombones, a los croissants de chocolate, a la Coca-cola, al alcohol... puede que nunca los vuelva a tomar. Como en toda adicción hay un periodo de síndrome de abstinencia, pero dura poco, y una vez superado es fácil... en teoría...

Dejar el azúcar no es como dejar de fumar o de beber. Un cigarrillo o una cerveza son identificables, aislables. O fumas o no fumas. O bebes o no bebes. ¡El azúcar está en todas partes! Me di cuenta de lo extremadamente difícil que es dejarlo. Se usa para todo. Lo mezclan en los alimentos más inverosímiles. ¡Incluso el jamón serrano tiene azúcar! ¡El jamón! ¡Sacrilegio!. Se ve que es un conservante, que potencia el sabor y le da al producto un punto adictivo que siempre ayuda a mejorar las ventas.

Comprendí a todas las personas celíacas o intolerantes a cualquier tipo de alimento. Los alimentos están tan manipulados que es dificilísimo llevar una dieta libre de tóxicos. 

Ahora tiro de dietética y alimentación ecológica con el consecuente efecto para mi bolsillo. En plena crisis este tipo de establecimientos están en total expansión. No me extraña. La cantidad de enfermedades que nos ahorraríamos si comiéramos más sano.

jueves, 20 de octubre de 2011

EL DEPORTE

Prefiero practicar deporte que observar cómo lo hacen otras personas. Hacer ejercicio es sano y altamente recomendable. Pero mirar cómo lo hacen los demás me parece una pérdida de tiempo.

Sin embargo a millones de personas les encanta. Y de ahí se deriva la inmensa oferta mediática (Juegos Olímpicos, Incontables competiciones de fútbol, NBA, Super Bowl, Tenis, Fórmula 1, vueltas ciclistas, motos...). El deporte mueve pasiones, los deportistas de élite ganan sueldos obscenos y la gente parece hipnotizada ante la mayoría de estos eventos.

Yo hago deporte casi a diario, pero ser espectador me aburre enormemente. Cuando el telediario empieza a hablar de fútbol cambio de canal (porque pienso que ya no son noticias) y paso en bloque la sección de deportes del periódico sin mirarla. Creo que en el mundo pasan cosas más interesantes como para ocupar tiempo y espacio en mi cerebro con todo este spam. Me parece incomprensible el dinero que mueve el deporte y me da un poco de pena toda la energía, dinero y tiempo desperdiciados (hablo más por los espectadores que por los deportistas) que podría dedicarse a tantos fines que reportarían mucho más a la humanidad.

Pero el deporte está ahí y la gente lo sigue con fanatismo y devoción por lo que el raro debo ser yo. Para mí lo preocupante es la naturalidad con la que nos hemos acostumbrado a la intromisión del deporte en nuestras vidas. Me entero de todos los resultados de los partidos de fútbol, de cada gol cuando se marca, me suenan los nombres (y algunas caras) de la mayoría de deportistas de élite y farándula periférica. Es inevitable. Está ahí. Todo el mundo habla de ello. Incluso yo lo estoy haciendo ahora.

Y yo me pregunto ¿Por qué?

Creo que la gente tiene una crisis de valores. Necesita ídolos, dioses, mitos y las religiones ya no se los pueden proporcionar. El deporte es perfecto. No necesita actos de fe. Es simple de entender. Distrae la atención de la gente.  Los aparta de la vida real, les da una válvula de escape. No hay que cuestionarse por qué eres de un equipo. Representa a tu ciudad o tu país, tus padres te lo inculcaron de pequeño... qué más da. No hay que pensar. Todos son iguales. Si hubieras nacido en otro lugar serías de otro equipo. Es fácil.
Y a los que tienen el poder les va de perlas. Como dijo Franco, "prefiero que la gente hable de fútbol que de política" (y si no lo dijo me lo acabo de inventar pero seguro que lo pensaba). Es una forma excelente de entretener a la masa para focalizar la energía y la atención de las ovejas y que no se descarríen o se les ocurra pensar. Una nueva religión. Y forrarse a su costa está bien visto.

No, no soy imparcial. El fútbol tiene sus ventajas y como ateo nunca me he podido beneficiar de ellas. Como tema de conversación estéril, neutral y universal es muy útil para usarse como comodín cuando escasean las alternativas más profundas. Por ejemplo en ambientes laborales con personas de baja afinidad cuando necesitas una muletilla para limar asperezas. O gente que conoces poco y necesitas rellenar tiempos muertos (en el sentido menos baloncestista de la frase). También es imprescindible como descansos en las comidas de trabajo, siempre ideales para desconectar y navegar un rato por mi mundo interior.

No, no soy imparcial, pero el que esté libre de pecado que chute el primer penalti.

martes, 18 de octubre de 2011

EL TABACO

Nunca he fumado. Tampoco he entendido nunca por qué la gente fuma. Comprendo lo difícil que es desengancharse de las sustancias adictivas, pero nunca he entendido el primer cigarrillo. Sabemos que mata, sabemos que engancha, sabemos que produce cáncer al usuario y a su entorno más próximo. Pero la gente sigue empezando a fumar. ¿Gregarismo? ¿Inercia? ¿Rebeldía? ¿Voluntad débil? Cada uno tendrá sus motivos.

Pero lo que siempre me ha sorprendido es que el tabaco sea legal. Una sustancia similar, en cuanto a toxicidad y adicción no se permitiría en ningún tipo de alimento. Afortunadamente las leyes han cambiado, pero el tabaco sigue siendo legal.

Y es legal porque económicamente es muy rentable. Se habla del coste de la Seguridad Social provocado por las enfermedades derivadas del tabaquismo. Sin embargo el tabaco produce un montón de puestos de trabajo en su producción, distribución y venta, genera unos sabrosos impuestos y beneficios empresariales y un elevadísimo ahorro en pensiones por las muertes prematuras y la reducción de la esperanza de vida del fumador. La persona que muere por enfermedades derivadas del tabaco hubiera muerto igualmente por otros motivos unos años después, generando igualmente un coste sanitario.

Pero ¿justifica su rentabilidad económica el drama humano de la enfermedad y la muerte prematuras? Si el dinero es más importante que la vida humana estaríamos justificando cualquier actividad empresarial contaminante, nociva, destructiva, venenosa, tóxica, cualquier droga, y en definitiva la mayoría de actividades delictivas.

Es por ello que no entiendo que el tabaco siga siendo legal.