jueves, 12 de enero de 2012

LA TAUROMAQUIA

Yo estoy en contra de cualquier forma de violencia no sexual. En particular me parece aberrante la tortura, y muy en especial si las víctimas son animales. Me da igual que se disfrace de tradición, cultura, arte, identidad nacional o zoofilia, el sadismo tan sólo debe darse entre humanos y con el consentimiento y disfrute de todas las partes. 

Es por ello que estas tradiciones y festejos donde se canaliza el morbo sanguinario hacia un pobre animal me parecen detestables, incluso, si me aprietas, me atrevería a decir que son dignos de personas de perfil bajo.

En la época de los romanos, existía un espectáculo conocido como Circo, en el que unos tíos cachas llamados gladiadores, se zurraban para el divertimento de la turba. Era fácil que quedaran mutilados o que directamente murieran. Pulgar arriba, pulgar abajo. También era divertido ver como unos esclavos eran descuartizados por leones y otras fieras (a las que cazaron y apartaron de su hábitat natural sin preguntarles). Todo por puro espectáculo. Seguro que para ellos era tradición, cultura, arte, identidad nacional y algún zoófilo habría entre el público. Era lo normal para la época y hoy nos parece de una brutalidad inconcebible.

De la misma forma, dentro de algunos centenares de años, cuando en los libros de historia se lean las atrocidades que hoy se cometen contra los animales para diversión humana, nuestros descendientes pensarán que éramos tan salvajes como nos lo parecen a nosotros los vasallos del César.

Una vez me dijo un compañero de trabajo (al que le gustaban los toros... bueno, le gustaba que los matasen) que el torero era un artista y un valiente que se jugaba la vida delante de la bestia.

Reconozco que a mí si me ponen delante de un animal de 500Kg, cabreado, al que han estado pinchando con estacas y banderillas que actúa en legítima defensa para salir de una situación que no ha buscado y que no entiende... yo seguramente saldría por patas lo más rápido que me permitieran los efluvios encharcados de mi pantalón (excepcionalmente no atribuibles a mi colon irritable). Como no quiero quemarme no me acerco al fuego.

Sin embargo, si hubiera igualdad de oportunidades, estadísticamente el 50% de las veces moriría el toro y el 50% de las veces moriría el torero. Pero este ratio no se cumple ni de lejos. O sea que tan valiente no es. Que se ponga un pantalón ajustado para marcar paquete no es prueba de su masculinidad. Sólo existe un test homologado y universal para medir la hombría y el valor. Una prueba infalible. Todas las demás tienen errores o excepciones, pero ésta tiene un acierto del 100%. Si un hombre, inmediatamente después de rascarse la bolsa escrotal se huele los dedos significa que es un machote de verdad. Es irrefutable y no hace falta matar a nadie.

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